La única verdad es la de López

*Descalifica a organismos internacionales y especialistas; la verdad ¡Es él!

Miguel A. Rocha Valencia

López Obrador reparte parejo. Ya satanizó a instituciones de la sociedad civil; se fue contra órganos autónomos, y ahora acusa a calificadoras internacionales de solapar corrupción de administraciones pasadas en México, tal ocurrió con Fitch Rigts, Standard and Poor’s y Moody’s, las cuales ponen en duda la capacidad crediticia de México-país y la solvencia o futuro de Pemex y CFE, turismo y economía en general.

El Presidente, extendió sus descréditos a la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), fundada en 1945, la cual es reconocida como la autoridad más calificada en la materia, sólo por opinar respecto al NAIM en Texcoco.

Nadie se salva. La única verdad, es la que sale de su boca convertida en orden como lo demuestra su desprecio por el derecho positivo al ordenar consultas a “su manera” y hasta desafiar que hará una sobre la revocación a su mandato, esté contemplada en la Ley o no.

Incluso sus funcionarios se van por la libre, entregan obra sin licitación aduciendo prisas o temporales. Impone a personajes sin el perfil legal para el desempeño de cargos públicos; mete mano en los otros poderes de una manera burda, visible, cínica.

Tampoco obedece lo previsto en torno a los símbolos patrios: no canta el Himno Nacional ni saluda a la Bandera.

Otorga impunidad y perdón a quien desea; pide no criminalizar a ladrones y les reparte dinero; habla de una corrupción que tiene en quiebra al país, pero no se castiga a nadie.

Juez de horca y cuchillo dirían los de “antes”; canceló obras sin haber asumido el poder, más allá de un mero capricho, para enviar un mensaje que no importa el costo en su meta de imponer una nueva estructura política y económica al país. No sabemos si para bien o mal.

Eso lo veremos a mediano plazo, cuando se acabe el dinero por repartir y se tome de otras áreas productivas; cuando el desempleo de hoy cobre factura, cuando se sientan los efectos de la caída en la inversión por la desconfianza generada y los acreedores presionen para cobrar.

En suma, estamos al inicio de una tormenta que puede ser “perfecta” y que, acompañada de recesión, nos haga ver la nueva realidad a la que nos lleva la IV Transformación.