Bernardo López

La pandemia de coronavirus ha provocado, por la fuerza, un cambio en las actividades humanas, pues las relaciones sociales han tenido que mediarse a través de teléfonos, tabletas o computadoras, los cuales deben estar conectados a internet, espacio altamente fiscalizado para la recolección de información de las conductas, comportamientos, gustos de niños, adolescentes, mujeres y hombres.

Ya no se requiere un despliegue multitudinario de policías para vigilar a las personas, pues cada individuo puede ser monitoreado o localizado desde su celular, tan sólo tiene que bajar aplicaciones y permitir dar acceso a fotos, videos, cámara, micrófono, ubicación, etcétera.

Una parte sustancial de esta transformación se da en materia educativa, debido a la suspensión de las clases en las escuelas, institutos, universidades, todos los centros educativos; millones de estudiantes, profesores y personal académico han dejado de asistir a las aulas. Alrededor de 30 millones han regresado a clases mediante el programa ‘Aprende en Casa’, creado por la Secretaría de Educación Pública.

Las autoridades pronostican que la pandemia durará más de lo que esperaban, por lo que las medidas que se piensan temporales se volverán la nueva realidad -si es que se permite-. Los estudiantes tendrían que acostumbrarse a las clases virtuales, en un principio diseñadas por maestros y en ocasiones dirigidas por ellos, sin embargo, las nuevas herramientas de inteligencia artificial harán innecesarias las instrucciones de los profesores, quienes no sólo aportan conocimiento, sino también herramientas para tener conciencia sobre el entorno, vital para la supervivencia.

El objetivo sería una educación sin ideologías, dirección o interpretación sociológica; que retire toda posibilidad de dudas o preguntas sobre el desarrollo de las personas, la comunidad, la región, el territorio y el país.

Se pretendería alcanzar una sociedad sin identidad social, que no tendría objetivos por luchar, salvo por aquellos ideales que se inoculen mediante las instrucciones digitales.

Los maestros tienen mucho trabajo para defender su gremio y la educación que se le debe dar a los niños y adolescentes, quienes son los más vulnerables, pues son como esponjas que absorben todo, además que su capacidad para discriminar información es limitada. La educación en todos los niveles debe seguir impartiéndose por humanos de manera directa y sin intervención de dispositivos digitales, estos sólo deben quedarse en el nivel de herramientas para el conocimiento.