Bernardo López

Hace un par de semanas acudí al centro de la Ciudad de México para adquirir algunos dispositivos electrónicos para mi computadora. Decidí visitar la Plaza de la Tecnología, pues ahí se pueden elegir y comparar precios.

Después de algunos recorridos por los pasillos de la plaza comercial y de haber comprado lo que requería, aún me faltaba un artículo más por conseguir, así que continué recorriendo los locales, sin embargo, en uno de los últimos pasillos, los del fondo, que salen a la calle de República de Uruguay, donde continuaba con mi recorrido, escuché a dos personas hablar, muy cercanas a mi espalda. Los dos sujetos actuaban de manera normal y eso no me hizo sospechar de sus intenciones.

En un instante, de manera espontánea, decidí detener mi avance y preguntar en uno de los locales que se encuentran en esos pasillos, al dar la vuelta y dirigirme al establecimiento vi a los dos sujetos, cómo iban vestidos. No hicieron ningún movimiento extraño y continuaron su avance hacia la salida de la plaza. Yo me entretuve unos minutos preguntando en el comercio, pero no encontré lo que requería, así que decidí volver sobre mis pasos y entrar a un pasillo de lado.

Ingresé y observaba los artículos, a ver si alguno me convencía; no adquirí artículo alguno, pero en ese momento me volví a regresar y en ese instante vi de nuevo a los mismos sujetos, que se supone ya se dirigían a la salida de la plaza comercial. Entonces comencé a desconfiar, porque los dos hombres rompían con la apariencia del público que visita estos centros de comercio para comprar tecnología.

Volví mis pasos a un tercer pasillo contiguo e hice la misma táctica, pues cual fue mi sorpresa que los sujetos volvieron a parecer. Entre las caras de los vendedores de esos locales pude ver que había algo raro, pues sonreían con cierta complicidad. Sabían quiénes eran estos sujetos y a lo que se dedican.

Ya me había percatado de lo que pretendían estas personas: un asalto afuera del centro comercial, sin embargo, yo continúe con la misma táctica, hasta que llegó un momento en que dejé de verlos.

En un local donde me detuve y ya no volví a ver estos sujetos, se me acercó otro que tenía la apariencia de trabajar en alguno de los locales de la plaza, aunque se me hizo extraño que me preguntara por la ubicación de un local específico. Le dije que no sabía. Su actuar me causó mucha desconfianza, como si estuviera implicado con los sujetos anteriores.

Al final, salí por Eje Central y me dirigí a la estación del Metro San Juan de Letrán. Espero que esta experiencia le sirva de algo, ahora que vienen la entrega de aguinaldos y compensaciones anuales. No se confíen, utilicen esta misma forma de actuar, no vayan directo a las salidas, primero cerciórense de que no los siguen.