Héctor Bárcenas / @porahisinrumbo  

Ideas revolucionarias, brillantes, llenas de fuerza y vigor brotan de un hombre audaz y poderoso. Pensamientos que, al ser leídos en voz alta, mueven la tierra, hacen trastabillar pueblos enteros. En lo alto de su palacio, deja salir ideas y las convierte en bombas sonoras.

El Señor, atrapado en su burbuja, es capaz de mirar desde diferentes ventanas. Hace unos meses firmó un convenio junto con otros multimillonarios en el país en el cual obtenía muchos millones de pesos a cambio de televisar programas educativos. Este negocio lo cerró con el gobierno federal; con un presidente que lo considera su amigo, (lo que sea que eso signifique) y con su exempleado, un personaje que ha estado metido en la política desde hace un buen rato y que los últimos años, antes de convertirse en el mismísimo secretario de Educación, fue presidente de Fundación Azteca.

Este personaje tiene montones de dinero, corrijo, montañas de dinero. Es ambicioso, oportunista y excelente comerciante. Vendió un proyecto televisivo en el cual, al parecer no creía a cambio de unas monedas, muchas monedas. Dispuso un espacio nuevo para dar comienzo al proyecto “Aprende en casa II”. Probablemente nadie lo empujó a sellar un contrato lleno de un mar de acciones nocivas y perjudiciales para su alma pura y sacra. Tal vez su pepe grillo se fue de pinta mientras concretaba un negocio en el cual no creía, al menos no desde el punto de vista ideológico.

Gracias al cielo y a los héroes valientes que luchan por nuestros derechos, estamos en un país con libertad de expresión y, si no fuera suficiente, este individuo posee los medios, (literal) para hacer decir y cuestionar como mejor se le antoje. Ya sea porque su conciencia se lo reclama, o por falta de ella. Hace uso de su derecho constitucional de expresar su sentir.

Y el gobierno calla.

La escena apenas presenta al primer personaje, Excelente comerciante, haciendo tratos para dar marcha a un programa al cual va a desacreditar apenas reciba la lana.

“Regresemos a las aulas,” grita desde su trinchera, desde su mansión se asoma por distintas ventanas mira al este, al oeste y mira verde, vecinos parecidos a él. Asoma la cabeza y se encuentra con espejos relucientes.

En un grito lleno de emoción, cree estar llenando a sus espectadores con la respuesta verdadera. Ahora ya todos escuchamos la solución a los problemas educativos. ¡Dejemos de lado a la enfermedad y a la muerte! ¡Pugnemos por una educación dentro de las aulas!

Y el gobierno calla.

Por un lado, la televisora es apoyo fundamental en esta época tan difícil para llevar educación a todos los rincones del país (sin considerar la calidad de dicha educación), por el otro, en el resto de sus canales, a través de los cuales continúa con contenido hueco y desechable, se encarga de contradecir las pocas directrices que toma el gobierno federal en pro de la salud de su gente, acarrea ignorancia a los mismos rincones.

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