Rafael Lulet / @rafael_lulet

El pasado 3 de septiembre se dio la noticia de la aprobación de dos nuevos partidos políticos por el Instituto Nacional Electoral: Encuentro Solidario, derivado del desaparecido PES, conservando las mismas siglas y México Libre este último conformado por el ex presidente Felipe Calderón así como su esposa Margarita Zavala, cumpliendo con lo dispuesto en la Ley, como son las 3 mil asambleas mínimas y el registro de 1.4 millones de asistentes, cotejados por el propio personal del INE, corroborando cada acta además de realizar visitas aleatorias del 10 por ciento de personas válidas asistentes en las respectivas reuniones requeridas, esto llevado a cabo con cada una de las 7 organizaciones políticas solicitantes para dicho registro, quedando solo dos.

México Libre, envuelto en escándalos por la presentación de firmas falsas, alegando en su momento de habérselas “sembrado”, terminó con un procedimiento legal con una multa de solo 24 mil pesos, un partido de personajes muy controvertidos por la ciudadanía y por el actual presidente de la República, con quien existe una guerra campal, pero a pesar de haberse aprobado, el viernes 5 de agosto por la tarde salió una segunda resolución indicando la negativa del registro de los Calderón, argumentando los consejeros, falta de claridad de las aportaciones recibidas, para esto Zavala salió a declarar la existencia de mano negra de López Obrador, para frenarlos ante un ajuste de última hora y evitar que compitan en el 2021. Aunque su registro hubiera sido un grave retroceso electoral.

Sin embargo, ya desde hace algunos años, la oferta partidista ha venido decayendo poco a poco, por el desgaste del interés de los mexicanos gracias a los malos gobiernos panistas y sobre todo priistas, quienes han tenido la oportunidad de generar verdaderos cambios sin verlos en la vida real, sin mencionar los excesos de un pseudo “nuevo PRI”, el cual derivó controvertidos escándalos de corrupción dentro de su gabinete además de gobernadores como Cesar y Javier Duarte, siendo ese motivo de la gran losa que cargaría José Antonio Meade en la campaña presidencial de lo cual quedará en el tercer lugar en la contienda.

En el 2018 ganó López Obrador, pero no por ser el mejor candidato sino porque competía ante desgastados partidos, los cuales por los antecedentes de estos, la ciudadanía eligió al “menos peor”, actualmente la tendencia de la oferta electoral se encuentra en las mismas aunque algunos analistas lo ponen por muy debajo de las demás elecciones, porque las expectativas ciudadanas se encuentran por los suelos con los errores e inexactitudes del gobierno actual ante situaciones como el desempleo, la violencia, el narcotráfico, el mal manejo de la pandemia, la economía, los feminicidios, entre muchos aspectos más agregados a los desaciertos de la administración federal, sin mencionar los comentarios obtusos del mismo presidente.

A vísperas de las próximas elecciones del siguiente año, no hay nada para nadie, a pesar de  conservar cierta simpatía en la población el presidente, único representante de su partido, pero eso ya no le irá a alcanzar para evitar cambiar el voto ciudadano por otro color partidario o anularlo para aquellos quienes habrían votado por él en el 2018, es posible el incremento del abstencionismo ante esta crisis electoral, ya se preveía esa situación, el cual no sería nada extraño que podamos ver el siguiente año un alto porcentaje de abstención y ganando los partidos con muy bajos votos.

Es claro la preocupación de López Obrador porque sabe bien que no ha tenido los resultados esperados en su administración a pesar de haberse llevado el carro completo en las pasadas elecciones, ahora ante un escenario donde la Cámara de Diputados podría albergar un menor número de morenistas en la siguiente legislatura, tiene un gran recorrido por recuperar y solo él puede hacerlo a la falta de otra figura, pero ante una imagen cada día desgastada le será muy difícil lograrlo a pesar de no existir una oposición fortalecida, al final la ciudadanía pierde en vista a vivirse en la peor oferta electoral, a la falta de cuadros políticos convincentes.