Bernardo López

En el mundo comienzan a salir a la luz imágenes sobre robots, estilo Black Mirror, patrullando calles de Singapur. El dispositivo se encuentra equipado con cámaras y altavoces para pedir a las personas que cumplan la ‘sana distancia’. China impone la instalación de aplicaciones en los celulares, para ‘monitorear’ la salud de las personas, además de instalar cámaras de calor para ‘checar’ la temperatura de los individuos. En México, exactamente en la zona de Polanco, usan drones para ‘sanitizar’ las calles.

¿Qué tipo de información usan estos dispositivos para poder estar en las calles? ¿Con qué leyes están fundamentadas las acciones y qué las acota en la recopilación de datos?

Esperemos que las autoridades den respuesta a esto, porque una enfermedad no es pretexto para imponer medidas dictatoriales en la población, pues antes del COVID-19 ya existían la influenza, la viruela, el herpes, el VIH, el VPH, la salmonela, la tifoidea, la amibiasis y cientos de microorganismos que pueden provocar males a los humanos, y en ninguno se han aplicado acciones dictatoriales.

El político francés Jean-Luc Mélenchon protestó que cada vez que se tienen situaciones excepcionales, se toman medidas que se consideran excepcionales, que son inscritas en las leyes ordinarias. Y día con día el espacio para la libertad individual se ve reducido. Ahora están aquí los drones.

Las personas no requieren de un monitoreo todo el tiempo, con el pretexto de ‘cuidar su salud’, pues debe respetarse el derecho a la privacidad. Lo que pasa de la puerta para adentro de la casa sólo le incumbe a los que habitan el espacio, salvo que ellos mismos soliciten o permitan invadir ese espacio.

Reflexionaba hace poco sobre la advertencia de los padres que decían ‘no hables con extraños’, pues podía ser riesgoso, debido a las intenciones ocultas de la persona desconocida; tal vez te encontrabas con una persona amable y amigable, pero no se puede saber. El caso es que esa advertencia también puede ser trasladada a la televisión, dónde se les permite hablar a personas extrañas a los hijos.

Ahora se corre mayor riesgo, porque millones de personas, sin saber sus intenciones, pueden contactar a los hijos mediante las redes sociales. Pero, además, se introducen personas ajenas a nuestra vida mediante los asistentes inteligentes, que monitorean todo el tiempo que hacemos, que buscamos en internet, con quien nos comunicamos, a dónde vamos. Pienso que debería haber un alto a estos sujetos extraños que no tienen por qué inmiscuirse en la vida íntima de las personas.

Los ciudadanos tienen la solución para cambiar este rumbo al que nos quieren llevar: a la sociedad hipervigilada. No dependa de los dispositivos móviles y no los haga una necesidad en su vida. La herramienta más valiosa que tiene es su cerebro, que le permite resolver problemas de alta complejidad, ¡es todo lo que necesita!