Pedro Flores

Ha resultado muy interesante en el mundo de la política el estudio hecho por David Owen, el neurólogo, miembro de la Cámara de los Lores, fue el ministro de Asuntos Exteriores más joven del Reino Unido, nombrado Lord por la reina Isabel II, denominado “Perfiles sicológicos de los 100 Primeros Ministros Ingleses y Presidentes de Estados Unidos•, en donde hace mención al “Síndrome de Hubris”, publicado en la revista de su especialidad.

El nombre de esta condición se deriva de ‘hyibris’, un concepto griego que significa desmesura, de la gente  que  ostenta alguna posición de mando;  en los dramas griegos se plasmaban en las siguientes etapas: “El héroe se gana la gloria y la aclamación al obtener un éxito inusitado contra todo pronóstico, la experiencia se le sube a la cabeza y empieza a tratar a los demás,  simples mortales corrientes, con desprecio y desdén, y llega a tener tanta fe en sus propias facultades que empieza a creerse capaz de cualquier cosa”.

En dicho trabajo hace el análisis de La salud del presidente Kennedy, la enfermedad secreta del Sha de Persia, del cáncer de próstata que padeció el presidente galo Francois Mitterrand durante más de 8 años  y  la embriaguez del poder  de Bush, Blair y la guerra de Irak, lo cual resulta por demás interesante, por el entorno político que se vivió en las épocas de sus respectivos mandatos

El síndrome de Hubris puede explicar muchas de estas desviaciones de los políticos que llegan al poder. Se trata de un patrón según el cual las personas con mayor poder tienden a perder las cualidades positivas que las llevaron a ocupar esos lugares. Las personas se elevan en función de sus buenas cualidades, pero su comportamiento empeora a medida que ascienden. Algo así como a más poder, peor calidad, se gana el poder con la empatía y se pierde con la arrogancia.

Owen identificó un conjunto de características que definen el síndrome, entre ellas destaca: la forma mesiánica de hablar acerca de cómo se están haciendo las cosas, y una tendencia a exaltarlas en el discurso, rayando en un sentimiento de omnipotencia por excesiva confianza en su propio juicio y desprecio del consejo y la crítica ajenos.

Existe en ese mal, una propensión narcisista para ver el mundo primariamente como una arena en la cual pueden ejercer el poder y buscar la gloria, en lugar de verla como un lugar con problemas que necesitan ser abordados de una forma pragmática y que no son referidos a ellos y que origina una pérdida de contacto con la realidad, a menudo unida a un progresivo aislamiento

El síndrome de ‘Hubris’ es un trastorno psiquiátrico negado por el propio paciente. Nunca se reconocerá enfermo ni pedirá perdón por su conducta porque no ve motivo para hacerlo. No es mentira aquella frase de que el poder enferma.

En la descripción del Síndrome Hubris puede observarse en las acciones que nos pueden ser comunes, como el hecho del delirio de persecución; el error de juicio al interpretar a su manera los signos sociales y una agresividad reivindicadora con respecto a los otros, no analiza consecuencias de sus acciones y resalta su autoridad moral por encima de todos, exalta lo que hace –“somos diferentes”.

Y efectivamente, somos diferentes, sabemos la fórmula para no padecer de COVID-19, sacamos   nuestras estampitas protectoras del Santo Black, Shadow y Blue Demond, no mentimos, no robamos,   no traicionamos y le damos besos y abrazos a los delincuentes, con  eso estamos exentos de  enfermarnos .