Bernardo López

El COVID-19 es el pretexto perfecto para modificar los patrones de conducta de las personas, quienes fueron forzados, mediante el miedo o la coerción militar, a no salir de sus casas para engancharlo a un Smartphone o cualquier dispositivo que permita usar aplicaciones.

Este fenómeno no sería negativo si el proceso se llevara a cabo de forma natural conforme llegan las nuevas generaciones, sin embargo, la grave crisis hipotecaria del 2006-2009, que dejó al sistema al filo de un colapso bancario mundial, obliga a acelerar este proceso. Se dejó una bomba de tiempo de deuda, para hacerla estallar detrás del escenario del COVID-19.

Este cambio también trae otra transformación económica que no podemos dejar de lado, pues de ello depende de la soberanía de las personas, y es la transmutación del dinero físico al dinero digital. No debemos confundir este dinero digital con las criptomonedas, como el Bitcoin o Ethereum, pues estas deben considerarse como oro o plata digital.

Pero volvamos al dinero digital. Este es en realidad el papel moneda y las monedas que intercambiamos a diario, pero representadas en números en una aplicación móvil. Este dinero digital es el emitido por los bancos centrales de los países, y en este momento conviven con los billetes y monedas que usamos a diario, sin embargo, se ha echado a andar una campaña en contra del dinero físico por su posibilidad de contagiar el tan temido virus.

¿Qué implicaciones trae la extinción del dinero físico? Pues nada más y nada menos que la desaparición de la soberanía de las personas, quienes serán obligadas por las necesidades a anclarse a un celular y a estar sujetas a las disposiciones de las instituciones que administran las aplicaciones, desde donde se tendría la potestad de despojar de los recursos. Un ejemplo claro lo podemos ver con las redes sociales, donde te dicen qué puedes publicar y qué no, y si no te ciñes a ellas te censuran o te suspenden la cuenta.

Ahora se entiende por qué el Ganso anunció su proyecto ‘Internet para todos’, con el cual pretende conectar a más de 14 millones de mexicanos de pequeñas comunidades del país, pues no se podría lograr el objetivo del anclamiento del dispositivo sin una conexión de internet que cubra todo el territorio del mundo.

Entonces, el dinero digital puede traer muchos beneficios a las personas, pero no debemos depender completamente de este tipo de tecnología, ya que impide a las personas decidir sobre sus recursos monetarios. Como dicen, no se deben colocar los huevos en una sola canasta.