Enrique Escobedo

En la mitología romana las Parcas eran las personificaciones del destino. Controlaban a los mortales mediante un hilo de vida. Eran tres hermanas hilanderas que representaban el nacimiento, la vida y la muerte. Se encargaban, además, de llevar las almas a su destino final. Las tres se dedicaban a hilar, luego cortaban el hilo que medía la longitud de la vida de cada ser humano con una tijera y ese corte fijaba el momento de la muerte. Dicha leyenda está inspirada en las Moiras griegas.

La tradición llegó a México durante la Colonia y, de alguna manera, hoy nos referimos sólo a una de las hermanas, la muerte o Morta por su nombre. La respetamos, se le teme y se le representa como “la catrina”.  Desde épocas prehispánicas es una deidad venerada y existe un culto a la llamada “Santa Muerte” que, hasta donde estoy enterado, la Iglesia católica no la reconoce.

Al momento de escribir este artículo, la cifra de personas fallecidas por el COVID-19 es un poco superior a las 2 mil 500 y la curva sigue en ascenso. Lo cual es una tragedia y todos podemos colaborar a fin de que la Parca deje de cortar, al mayoreo, los hilos de la humanidad.

No soy venerador de la muerte y, a diferencia de Stalin, no sostengo que “un muerto es una tragedia y que un millón de muertos es una estadística”. Me preocupa la presencia de la Parca, así como el trato mediante el cual el gobierno empieza a hablar del número de muertes. Es cierto que las cifras son frías y que la pandemia cambió los planes originales del partido en el poder.

Pero comportarse como un oportunista, desear manejar y controlar unidimensionalmente el presupuesto de egresos, modificar la Ley Federal de Presupuesto y alterar el equilibrio de la división de poderes a fin de cumplir con la idea original de la Cuarta Transformación es, al igual que los romanos, sostener que el destino está escrito y que hay que cumplirlo como lo definieron las Parcas.

El destino no está escrito y el fanatismo mítico debe ceder a la realidad, sobre todo en una nación democrática en la cual la división de poderes le otorga las facultades al Congreso de la Unión acerca del uso e intenciones de los presupuestos de ingresos y egresos de los mexicanos.

Si el Movimiento Morena personificado en el Poder Legislativo le da manga ancha al titular del Poder Ejecutivo de manjar discrecionalmente el presupuesto de egresos, olvídense de la partida secreta que tanto la izquierda criticó. Ahora con el pretexto de la Parca, el destino, las estadísticas de muertos como un simple número y el oportunismo de que esas muertes les cayeron como “anillo al dedo” corremos serios riesgos de acercarnos a tentaciones autoritarias.

Las personas fallecidas no son una estadística y, en nombre de un proyecto, no deben ser el trampolín desde el cual proyectar una visión de gobierno. Espero que la oposición se una y evite que la Parca también se lleve la incipiente democracia mexicana.