Bernardo López

El primer referéndum al gobierno del Ganso y su 4T será la venta completa de los cachitos para la rifa del avión presidencial -que no rifa el avión presidencial-, sin embargo, corre el riesgo de convertirse en su primer sondeo electoral contra sus acciones y decisiones, pues el propio presidente reveló que solamente se ha vendido el 25 por ciento de los boletos.

El presidente Obrador podría argumentar que la pandemia y la profunda crisis económica provocaron que la venta se truncara, con la amenaza de ser un fracaso la rifa del avión -que no rifa el avión-, programada para el 15 de septiembre de 2020.

Es posible que muchas personas no puedan pagar 500 pesos por un cachito de la rifa del avión presidencial -que no rifa el avión presidencial-, sin embargo, la propaganda que hace el presidente desde la mañanera para promocionar el evento debería ser suficiente para que los millones de simpatizantes, militantes y seguidores del presidente López se vuelquen a los expendios de lotería para adquirir la mayor cantidad de boletos.

La realidad choca con las aspiraciones del presidente, quien vende un avión que es propiedad de la nación, no de su gobierno ni de su propiedad. La aeronave fue comprada porque un funcionario de la jerarquía de un presidente lo requiere para las funciones que desempeña. Lo único que ha logrado con su ocurrencia es la duplicidad de gastos, pues dos años después del anuncio se han erogado 1.5 millones de dólares para su mantenimiento, además del deterioro que sufre la máquina al estar en reposo.

También se tiene que agregar lo que gasta el presidente en sus viajes por aerolíneas comerciales. A esto se le tiene que sumar el tiempo perdido que dedica a la espera del abordaje y el descenso, esto por dos, pues debemos contar el regreso.

El tiempo corre y el presidente debe vender el 100 por ciento de los boletos para poder reafirmar que sus decisiones son correctas y que los ciudadanos lo apoyan con la compra de los cachitos. Aunque también podría haber aplicado la estrategia de anunciar una menor compra de boletos para azuzar a sus simpatizantes para que lo ayuden a adquirir el total.

Existe también la posibilidad de que nunca sepamos si se vendieron la totalidad de los boletos o quiénes fueron los compradores, pues debemos recordar que en febrero fueron invitados a Palacio Nacional a grandes empresarios con el objetivo de comprometerse a la compra de los boletos. Esperemos que los datos sean públicos para que los analicemos y descubramos si la gente sigue con el presidente o si la luna de miel terminó.