Enrique Escobedo

La utopía tiene al menos dos acepciones. La primera se refiere a un plan o anhelo de difícil realización y la segunda es la idealización de una sociedad futura en la cual gobierno y sociedad trabajan armónica y felizmente. Es más, sin las ideas utópicas la humanidad difícilmente habría evolucionado como lo ha hecho hasta nuestros días. De ahí que es importante tener el sueño de que podremos vivir en un mundo mejor.

La idea de una sociedad ideal o utópica se le atribuye a Tomás Moro (1478-1535), abogado inglés y canciller de Enrique VIII, quien escribió su obra La Utopía en1516, cuya idea fundacional es el deber de los gobernantes en plena armonía con la sociedad. De ahí que, en octubre del año 2000, el Papa Juan Pablo II lo proclamó santo patrón de los políticos. El caso es que la palabra utopía fue creada por Moro y etimológicamente proviene de dos palabras griegas: “ou” que significa “no” y de “topos” que quiere decir “lugar”. En otras palabras, “el lugar que no existe”. Pero por el cual hay que luchar.

Sus ideas políticas siguen siendo tema de debate y su influencia, quiérase o no reconocer, influye en pensadores, poetas y políticos desde hace 500 años y en la actualidad. Es más, cuando Marx y Engels escribieron “Del Socialismo utópico al socialismo científico” fue debido a que entendían el espíritu de la obra de Moro, aunque el escrito de la obra se centra en explicar la importancia del materialismo histórico y su crítica a los otros movimientos socialistas. Tan es así que Engels señala en dicho libro “Que Don Quijote rompa su lanza contra los molinos de viento se explica, pues es su oficio y su misión; pero en Sancho Panza semejante cosa no puede admitirse”. Con lo cual deja ver su claro entendimiento de la obra de Moro. Otro ejemplo lo encontramos en la canción “Imagina” del ex Beatle John Lennon quien también era un soñador acerca de una vida social sin conflictos.

Afortunadamente una parte de la humanidad sigue buscando la utopía, en la inteligencia de que ni es fácil, ni todos la desean. También es claro que la búsqueda de ese ideal provoca debates acerca de los medios o métodos para impulsar a la nueva sociedad. Algunos consideran que es mediante la revolución violenta y la emancipación del proletariado en contra de la burguesía. Otros aspiran a la utopía mediante la llegada al poder democráticamente y desde allí cambiar de régimen como sucedió en Venezuela e imponer un régimen autoritario. Hay quienes vislumbran la creación de nueva sociedad mediante la solidaridad social, la concurrencia del gobierno con los sectores privado y social y el impulso a la productividad a fin de crear riqueza y distribuirla.

Con la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 quedó demostrado que el socialismo real no funcionó y muchos analistas escribieron sobre el fin de la utopía. Sin embargo, la búsqueda de la utopía sigue en pie por otros derroteros allende el socialismo marxista, las fórmulas autoritarias y los radicalismos estatistas. Es un anhelo de muchos y sabemos que el camino es el del trabajo y no los falsos atajos que atentan contra las libertades sociales e individuales.

Perseguir la utopía no está en el camino del neoliberalismo. Es cierto que la conducción de la economía requiere de decisiones que eviten la concentración de la riqueza en unas cuantas manos, pero la solución no está en las auditorías gubernamentales encubiertas a las clases sociales con altos ingresos. La utopía está en la consolidación de la clase media y eso requiere una sólida conducción de política económica, que la educación básica incluya asignaturas de solidaridad social y ética, que se estimulen las oportunidades, que no se engendren enconos sociales desde el gobierno y, sobre todo, que la lucha por la utopía esté en la diversidad cultural, en la pluralidad y respeto a las ideas y en la convivencia pacífica de la aplicación del Estado de Derecho.