Bernardo López

La pandemia provocada por el COVID-19 no es justificación para sancionar a las personas con prisión, pues, aunque existen riesgos reales de contraer la enfermedad, esto no significa que las medidas de confinamiento tengan que ser sancionadas con acciones abusivas que violen los derechos humanos.

El libre tránsito debe inscribirse en las leyes como un bien público, al que todas las personas tienen derecho, sin que pueda ser criminalizado, pues, aunque el artículo 11 de la Constitución señala que este derecho estará subordinado a la autoridad judicial, esta no debería tener facultades para decidir el encarcelamiento como medida punitiva si se viola un encierro por riesgos sanitarios.

Al menos seis estados de la República han tomado acciones que castigan a las personas por circular por calles y avenidas; decenas o cientos de municipios han cerrado el paso a los foráneos por miedo a ser contagiados.

Sin duda se deben tomar medidas para lograr que la sociedad pueda superar esta contingencia, como usar cubrebocas, caretas, evitar saludos de contacto, proteger a los grupos vulnerables, y son las autoridades quienes deben encabezar las acciones, pues no debemos romper el Estado de derecho.

Sin embargo, un enclaustramiento muy largo puede ser contraproducente, debido a que las personas requieren de trabajar, practicar deportes, visitar familiares, entonces, un confinamiento excesivo traería problemas de desobediencia, que a la larga se convertirían en resistencias, pues no se puede mantener a la gente en sus casas todo el tiempo.

Existe otro riesgo latente, y es la amenaza de una depresión económica de grandes magnitudes. Las personas al salir de nuevo a las calles se encontrarán con que escasea el trabajo, tema que debe preocupar más pues la gente necesita recursos para pagar cuentas y comer.

Las autoridades requieren de ideas y acciones contundentes para reactivar la economía, pues un mal paso provocaría que la sociedad tuviera una regresión a la época medieval, o un peligro aún mayor, rebeliones por hambre. Lo primero que debe asegurar el gobierno es el alimento, principalmente en las ciudades, donde no hay capacidad para producirlos.

Entonces, no se debe presionar más de lo debido a las personas. En algún momento todas las sociedades deben regresar a las actividades y dejar que el coronavirus ya no sea el tema principal ni el impedimento de las relaciones humanas, pues las bacterias, virus y parásitos seguirán ahí, en todo el planeta; no debemos permitir que el miedo a esos microorganismos nos domine.