Enrique Escobedo

Llevo meses leyendo que los partidos políticos de oposición deben aliarse a fin de evitar que el partido del gobierno vuelva a dominar la Cámara de Diputados. Entiendo la inquietud, pero veo muy difícil una configuración de los Partidos Acción Nacional (PAN), el Revolucionario Institucional (PRI), el de la Revolución Democrática (PRD) y con Movimiento Ciudadano (MC).

Por supuesto que en el pragmatismo político pueden dejar de lado sus ideologías y presentar un frente común. Pero son muchos los ciudadanos que se opondrían a semejante bloque y el abstencionismo, que de suyo es una singularidad en las elecciones intermedias, se incrementaría y eso, lo sabemos, beneficiaría a Morena debido al algoritmo que aplica en la designación de los 200 diputados plurinominales. Por lo anterior veo cuatro estrategias que podrían utilizar los partidos políticos de oposición.

La primera estrategia nos la acaban de enseñar en Sonora. Ahí el candidato más fuerte y que puede derrotar a Alfonso Durazo de Morena es Gándara, pero el PRI difícilmente ganaría solo, pues es claro que Morena, ya lo demostró, recurrirá al andamiaje institucional federal. Por eso Ernesto Gándara Camou “renunció” al PRI se va a inscribir como candidato independiente y los demás partidos lo van a apoyar. Es una fórmula inteligente, audaz y mantiene el aseo político de la contienda.

La segunda puede utilizarse en estados donde uno de los cuatro partidos es muy fuerte, por ejemplo, Querétaro. Luego entonces el PRI, el PRD y MC propondrán tristes figuras de candidatos, a fin de que todo el voto ciudadano vaya al PAN. Sería, en la práctica, una lucha bipartidista y no se necesitaría la alianza de partidos.

La tercera es que cada uno de los partidos presenten candidatos fuertes, pero cuando falte un mes para el día de la elección, los contendientes convoquen al voto útil, léase que apoyen a aquel va en segundo lugar, pues el candidato de Morena iría, en este supuesto, en el primero. La estrategia requiere más elaboración, pero ha funcionado. Quienes vayan abajo en la intención del voto, podrían aludir a la importancia de los contrapesos y que por el bien del distrito electoral que voten por ese segundo lugar.

La cuarta es la alianza entre esos cuatro partidos desde el principio. Podría darse, pero es poco deseable en términos éticos y de principios desde el punto de vista social y como ya dije, generaría apatías, votos anulados o incremento del abstencionismo. En lo personal veo esta estrategia poco elegante y más bien burda.

Por supuesto que debe haber otras estrategias. Los cuartos de guerra de los partidos políticos ya están trabajando en el tema y se trata de personas con experiencia y malicia en procesos electorales. El objetivo es claro, impedir que Morena y sus aliados dominen de manera absoluta la Cámara de Diputados. Además de ganar las gobernaturas, diputaciones locales y alcaldías importantes. De ahí que los estrategas en Palacio Nacional también deben estar pensando en desarticular las estrategias de sus oponentes.

En lo personal prefiero un Congreso plural donde ningún partido tenga la mayoría absoluta, no es personal contra Morena. También me opondría así fuese otro partido. Creo en el debate parlamentario como forma de enriquecimiento de las ideas. Estoy convencido que la pluralidad tiene más ventajas, más consenso y mayor legitimidad. Si el presidente de la República domina la Cámara Baja con su partido, corremos el riesgo del mayoriteo con todas las consecuencias negativas que ya conocemos.

Lo significativo de las cuatro estrategias aquí expuestas es que, salvo la cuarta, tiene el ánimo de mantener el cuidado de las formas políticas, el aseo en el proceso y el respeto al principio de que se llaman partidos políticos porque son parte de un conjunto mayor que se refiere a la exposición desplegada de ideologías y programas de trabajo. Consecuentemente, podemos tener un abanico más extenso de opciones para votar.

La decisión queda en manos de las cúpulas partidistas. Ellos dirán la última palabra. Saben acerca de la importancia de llegar a acuerdos en las elecciones intermedias. Saben que regresar al monopartidismo es retroceder en la historia. Ahora les toca mover sus piezas en el mundo del ajedrez político.