Enrique Escobedo

La obra de Vladimir Ilich Lenin ¿Qué hacer? escrita a finales de 1901 y publicada a principios de 1902 presenta una serie de propuestas concretas acerca de la organización y estrategias que debe seguir un partido revolucionario y, es de alguna manera, continuación de su ensayo ¿Por dónde empezar? Lenin tenía claro lo que ambicionaba y fue tan preciso en sus propuestas que ha decir de algunos historiadores ¿Qué hacer? fue uno de los detonadores que dividieron al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) que aglutinaba a bolcheviques de ala dura y a mencheviques de ala moderada.

La izquierda marxista leninista se formó con las ideas de organización y estrategia de lucha enunciadas en las obras aludidas. En ese sentido, la obra de Lenin es fundamental. Recuérdese que el líder bolchevique era un hombre radical, de carácter fuerte, impositivo, muy activo y con una gran capacidad intelectual que se aprecia en sus escritos. En ese entonces no existían los escritores fantasmas. Su estilo polémico, dogmático y rígido debido a sus convicciones lo hacían incluso intolerante. Era terrible en sus juicios en contra de sus adversarios a quienes calificaba de malévolos.

Posteriormente con el paso de los años, otras izquierdas no marxistas se fueron inclinando en favor de la idea de un Estado que no propusiera la Dictadura Revolucionaria del Proletariado, rechazan a la violencia como la única vía y partera de la nueva sociedad, promueven la democracia pluripartidista como forma pacífica de llegar al poder, apoyan a las libertades nacidas de la Revolución Francesa, respetan los Derechos Humanos y ven con buenos ojos el modelo de economía mixta. Los radicales, sobre todo del Partido Comunista Mexicano, calificaron a esa nueva izquierda de revisionista, contestataria y pequeña burguesa.

En cierto sentido y con toda proporción guardada, la intolerancia de Lenin y de nuestro presidente tienen ciertas semejanzas. Impulsan a su partido por sobre todas las cosas. Esgrimen que todo el poder al pueblo y están convencidos de que sólo sus ideas son las correctas. De ahí que estoy seguro de que a nuestro primer mandatario no le cabe la menor duda acerca de lo que hay que hacer en el caso de que su partido domine la Cámara de Diputados a partir del primer día de septiembre del próximo año en que inicie el periodo ordinario de sesiones de la próxima legislatura. De ahí que poco importa quién sea el presidente de la agrupación política; hará lo que se le ordene desde el Palacio Nacional.

La izquierda que ampara al Partido Morena aglutina a mucha gente de múltiples izquierdas. Ahí aparecen nombres como el de Porfirio Muñoz Ledo a quien difícilmente se le pueda calificar de radical, ex panistas como Germán Martínez Cázares y otros que en su tiempo fueron guerrilleros radicales. Lo que hoy los une es su líder Andrés Manuel López Obrador, quien – hasta el momento – propone el cambio pacífico y es indiscutiblemente que él dirá la última palabra en su partido político.

El caso es que la transformación que nos ofrecen aún no la vemos, pero estoy seguro de que el Titular del Poder Ejecutivo Federal, al igual que Vladimir Lenin si saben que quieren hacer. Sólo espero que nuestro primer mandatario se distinga de idea de la intransigencia leninista como forma de gobernar.