Rafael Lulet / @rafael.lulet

El gobierno federal ya se cansó de contar muertos todos los días, y es que el COVID-19, no ha dado tregua dejando cifras por arriba de las 500 defunciones diarias, así como contagios por encima de los 5 mil, después de seguir la Secretaría de Salud esperando el añorado pico de la curva el cual no llega ante una ciudadanía inquietante e inconsciente quienes ya habían optado por empezar a salir del confinamiento desde una semana antes de implementar los dichosos semáforos epidemiológicos provocando con eso la inalcanzable “normalidad” ya anunciada.

Pero esas cifras diarias del SARS-CoV-2, no han impedido retener al presidente de México al ver cómo se va desmoronando su popularidad, tratando de forzar el desconfinamiento en momentos duros donde los picos alcanzan los más de mil muertos en algunos días, y no bajan de los 500, las críticas no se han hecho esperar tachándolo de irresponsable al querer presionar una “normalidad” aún no presentada, sobre todo de no dar el ejemplo a la población con resguardarse en casa y portar el cubrebocas.

La política es y seguirá siendo lo único para el mandatario mexicano por encima de cualquiera e inclusive de las vidas de los ciudadanos, el coronavirus no vende votos, y el ver todos los días muertos, desempleo y una economía decreciendo al grado casi del colapso, ha orillado al presidente a buscar desesperadamente como león enjaulado la recuperación de ese porcentaje de popularidad de antaño saliendo a las calles para tratar de rescatar la poca credibilidad de la gente que cada día transcurrido pierde la esperanza de una promesa de campaña no cumplida por un jefe de Estado quien no se siente así ni se le ve de esa manera sino un candidato eterno anteponiendo con ello la seguridad de sus soberanos.

“Primeros los pobres”, su slogan perpetuo, y en eso sí tenía razón, la “4T” se ha convertido en una fábrica de ellos al estilo del viejo PRI, quienes veían en la pobreza el clientelismo para ganar votos, lucrando con la necesidad de las personas, repartiendo dadivas a cambio de la fidelidad para cobrárselas en las urnas, ahora llamadas “becas”, pero nada de extrañarse cuando dentro de sus filas tiene a personajes del viejo tricolor entre ellos a Manuel Bartlett tan cuestionado por la protección otorgada ante los diversos señalamientos de corrupción y de falseo de información sobre sus declaraciones patrimoniales.

El COVID-19, le ha dado a un presidente con falta de conocimientos como estadista y de sensibilidad a los ciudadanos un inconveniente para sus intereses políticos y personales, logró su cometido después de 12 años de lucha como opositor pero ahora como presidente no sabe ni como serlo, dejando un 2019 con escaso menos uno por ciento de crecimiento con tendencia a la baja, apostándole a las energías fósiles con un Pemex con más pérdidas que ganancias al estilo Venezuela, considerando aún ser la única respuesta para alcanzar el éxito económico tan recordado por décadas por los mexicanos, sin embargo esa alternativa añeja no le ha dado resultado a otros países tal como se ha visto en la nación antes mencionada.

Por eso, es más fácil dejarles la vida de los mexicanos a su suerte, antes de invertir en insumos para la salud de sus soberanos, presentando un decálogo más miserable parecido a un pastor evangélico en comparación de uno esperado, donde aportara directrices de cómo afrontar una crisis económica y de pandemia como la actual, sobreponiendo más la inversión a un tren así como a un aeropuerto que canalizar ese dinero a rescatar a las Pymes con ello los empleos, investigación para encontrar una posible vacuna contra el COVID-19 o una mejor alternativa a tratamientos para salvar vidas, compras de pruebas, elevar el nivel de los médicos quienes se encuentran en la primera línea siendo los más afectados, pero eso sí, trayéndose a otros de cuba con mejores salarios y condiciones de vida dejando a un lado a los suyos. Esto es la actual “normalidad” de Estado.