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José Antonio Monterrosas Figueiras

Al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, le urge que lo encierren cuarenta días y le den un tapabocas, habla demasiado y si pesca el coronavirus no sólo está en riesgo él sino su gerontocrático gabinete. Hagamos un recuento de los daños y torpezas.

Los besos mordelones de pejelagarto

Como era de esperarse, a pesar de la necedad del presidente de exhortar a besarse y abrazarse e incluso querer comerse a besos a una niña, no así al poeta Javier Sicilia —y no eran tiempos de pandemia, ni de violencia de género con feminismo exacerbado—, el 22 de marzo, se informa desde el gobierno federal que se suspende todas las actividades en centros culturales como museos, teatros, cines, entre otros, hasta nuevo aviso. La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, se sumó a lo dicho y fue clara en conferencia de prensa, que no hay que abrazarse, ni besarse, aunque agrega —como para no contradecir a su patriarca Andrés Manuel— “ya sabemos que a los mexicanos nos encanta apapacharnos”, y dar besos mordelones a las niñas, carajo.

El cantinfleo de la Cuarta Transformación

El 23 de marzo, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell, sus respuestas en conferencia de prensa fueron de un cantinfleo maravilloso, un sí, pero… no estamos en la fase dos, aunque la Organización Mundial de la Salud ya advertía que México había entrado en ésta. El presidente mientras tanto exhortaba a que la gente saliera a las calles, que comiera en restaurantes, y sí a los eventos con 5 mil personas, suficientes para llenar sus actos públicos, of course.

Todos los hombres del presidente

El tarado investigador de la UNAM, John Ackerman, —cónyuge de Irma Eréndira Sandoval, actual secretaria de la Función Pública—, expresó eufórico en televisión que “Andrés Manuel López Obrador es el científico, por supuesto” y que “el secretario de Salud está siguiendo instrucciones del Presidente de la República” y no al revés. Por su parte, Fernández Noroña, como tuitero compulsivo que es, expresó: “No pudieron parar el país con el tema de la violencia de género; ahora van a intentar parar el país con el coronavirus”. Póngale un tapabocas también a este señor que quiere ser presidente de México, y una camisa, quítenle el celular.

Nuestro coronavirus personal

“La mañanera” del martes, 24 de marzo, se tuvo que dar el anuncio que no quería decir el presidente, que México había entrado a la fase dos y el viernes, 27 de marzo, finalmente, solo y metido en un cuarto, confirmó lo dicho desde hace días por los expertos: no salir a las calles, no abrazarse, ni besarse, tener la sana distancia y guardarse en su casa. Ahora sus selfies tiene esa “distancia social” que le encanta si es desde Palacio Nacional.

Tal como me lo expresó a finales de febrero el amigo editor Nahúm Torres: “Andrés Manuel es nuestro coronavirus personal”. ¡En cuarentena! Por cierto, los feminicidios no paran.