Sergio Iván

Las mujeres hacen arte y escriben literatura. En algunas etapas de la historia la afirmación con la que comienza este artículo fue lejana, por no decir irrealizable. La musa fue el lugar al cual se le encasillo a la feminidad. Aquellas que se atrevían a romper con la visión masculinizada del mundo, eran condenadas.

Tanto la antropología como la ciencia política que son las encargadas de definir los conceptos de hombre y mujer. Posteriormente como lo menciona J. Charvet, el feminismo nace con la ilustración.

México ha tenido grandes escritoras que no solamente se han dedicado a trabajar un género, por el contrario, en varios casos han tenido la habilidad de ser polifacéticas con los llamados géneros literarios e incluso ser pintoras, periodistas, escultoras, etc. Desde Sor Juana Inés de la Cruz a Tedi López Mills o Pura López Colomé (por mencionar a algunas poetas). En la narrativa se encuentran autoras como Inés Arredondo, Margo Glantz, Rosario Castellanos, Amparo Dávila (recién acaecida), Esther Selingson; grandes dramaturgas como Elena Garro o Bertha Hiriart.

¿Cada autora elige sus temas o ellos la eligen a ella? Sin embargo, en la literatura lo importante no se encuentra en el fondo sino en la forma. El cuento El montón de Adela Fernández retrata la vida de una familia pobre que vive bajo el yugo de un hombre machista, el padre del narrador.

Otro ejemplo interesante se encuentra en el cuento de Rosario Castellanos, Lecciones de cocina. Lejos de abordar el tema desde una perspectiva lejana o impersonal, el narrador es tan obvio que logra eliminar las barreras de la insensibilidad entre el texto y lector.

En materia de equidad de género se han logrado ciertos avances, el trabajo de la Enciclopedia de escritoras mexicanas o el de Escritoras Mexicanas es uno de muchos ejemplos del progreso por difundir, preservar y continuar con el legado de ellas.

¡Falta mucho camino por recorrer y emparejar!