Aleinad Mina

El artista visual Edward Hopper construye paisajes paradójicos entre la compañía y el ensimismamiento, el mundo exterior que pinta representa un reflejo de la soledad que acompaña a cada personaje. Adentrarse a su obra da la sensación de vivir pausando el mundo que nos rodea para escuchar las voces que emergen del silencio, rodeados de personas ajenas a nuestro mundo, sin nada que compartir más que la soledad.

Hopper nació en Nueva York en 1882. Fue uno de los artistas más importantes del realismo americano con una visión muy detallada de la soledad y la melancolía. Capturó un escenario urbano moderno, en el que los personajes están en una cafetería o una habitación, pero no están presentes en el momento. El silencio en sus cuadros es dado por ese aislamiento entre los personajes que comparten un espacio con una distancia abismal entre sí, ensimismados y desinteresados del ruido exterior. La soledad del paisaje citadino en la que impera una individualidad abismal está presente en sus obras Nighthawks (1942), Hotel Lobby (1943), Hotel By A Railroad (1952).

Sin embargo, muchas veces la pausa con el exterior conlleva a un movimiento interior contemplativo, Hopper decía que, “La vida interior de un ser humano es un campo vasto y variado y no se ocupa sólo de estimulantes disposiciones de color, forma y diseño”. La continuidad de su personalidad estoica, taciturna, su pasión por la lectura, el silencio y la soledad se ven modeladas en sus universos pictóricos.

La vitalidad de la soledad es el acceso a las raíces del alma, mutan los recuerdos y los sueños que son mal vividos cuando estamos inmersos en el ruido del mundo. Hopper plasma está soledad de dulce melancolía en los diferentes cuadros de figuras femeninas, como en Automat (1927), Morning Sun (1952), Hotel Window (1931). El reposo puede ser un hacedor de mundos, en el estado del silencio puede haber todo lo posible e imposible, incluso todo menos soledad. Lo inexpresivo de estos personajes puede figurar el silencio visto como un valor indispensable para penetrar en la existencia.

“El buen arte es la expresión exterior de la vida interior del artista, y su vida interior resultará en su visión personal del mundo. Ninguna cantidad de invención talentosa puede reemplazar el elemento esencial de la imaginación”, afirma Hopper, quien tenía la continuidad de su vida interior reflejada en su obra; por eso muchos críticos mencionan que sus obras no son realismo puro, aunque inevitablemente tiene la expresión de la soledad desde varios valores. Ya sea una soledad melancólica, dulce o deshumanizada, su pintura refleja los sedimentos de su interioridad representados en la experiencia paradójica del mundo moderno.

Hopper supo identificar los múltiples sentidos de la soledad y el silencio, sus representaciones fueron imágenes poéticas de la cotidianidad urbana del siglo XX. Nos hace recorrer este paisaje para adentrarnos en el silencio de cada espacio y de cada personaje.