En la acera de la calle había una papelera, que se quejaba a la gente por echar papeles fuera… y esta vez muy enfadada gritó en voz alta, ¡cochina!

Poema la Papelera, de la Guía Infantil, de Marisa Alonso SantaMaría

José Manuel Rueda Smithers

Sin que en realidad la gente se dé cuenta, en México son más de cuatro millones de personas las que viven diariamente de revisar y reciclar los desperdicios que todos dejamos ir en los camiones recolectores de basura. Cuestión de cultura, dicen.

Y conforman miles de familias con necesidades y con problemas que para todos pasan se hunden en una indiferencia que duele en lo más íntimo de las convicciones por ayudar a que todos salgamos adelante, más allá de una solidaridad de mero panfleto.

Un comunicado distribuido por todo el país por agrupaciones de recolectores de basura, busca llamar la atención hacia ese gremio olvidado y dolido ante la injusticia.

Mencionan que “la recolección de desperdicios no se atiende por ninguna autoridad, ni legislador, ni líder de opinión, o padrino político…” y hacen ver la suerte que por estos días corre el famoso outsourcing de ser protagonista del favor presidencial.

Es un problema social, sin atención alguna, eso ni dudarlo. Estos mexicanos se dedican a pepenar basura, plástico, papel, cartón, PET, vidrio, chatarra, y hasta desperdicios cárnicos. De eso viven, y están hartos del desdén de las autoridades.

Denuncian que pese a haber entregado cientos de quejas ante la PRODECON, esa instancia especializada en materia tributaria, que entre otras cosas da defensoría y representación, a los procedimientos de queja o reclamación contra actos de las autoridades fiscales federales que vulneren los derechos de los contribuyentes.

Dentro de la cadena de reciclaje y recuperación de los materiales, la mayoría de las personas que laboran en el proceso de recolección de los desperdicios destinados al reciclaje no están inscritos en el registro federal de contribuyentes (RFC).

Y es entonces que el SAT ahora contraataca bajo el argumento de presumir que en la mayoría de los casos no es clara la procedencia de las mercancías que recuperan los recicladores, e inclusive ha incrementado los estándares de control, vigilancia y fiscalización de este tipo de insumos.

Es un problema que lleva años en los escritorios, pero que ahora se ha visto agudizado ante la cerrazón hacendaria. Es una autoridad insensible para identificar la problemática que viven los recolectores, que evidentemente han manifestado rechazo a la disposición fiscal, pues la remuneración por su labor es muy baja y se reduce aún más con la retención de impuestos, además de considerar que inscribirse en el RFC les podría ocasionar dificultades.

Además, la mayoría de los recolectores no tienen conocimientos sobre facturación y no cuentan con las herramientas para hacerlo.

Así concluye el llamado de las agrupaciones de recicladores, para ser atendidos de manera efectiva, no para la foto, dicen.

Una vez más, como en cada uno de los 3 sexenios anteriores, son ellos los que abren la puerta a ser atendidos y resolver una situación que, bien solucionada, puede beneficiar a todos, incluido el propio gobierno si abre los ojos y entiende lo que viven estas personas por todo el país.

De todos modos, no sobra poner lo que dice la guía infantil respecto del reciclaje, como mensaje para todos:

“Aprender a reciclar debe ser una enseñanza más en la infancia. Los niños deben aprender desde bien pequeños cuál es el valor del reciclaje y, sobre todo, cómo pueden cuidar el medio ambiente”. Sin, pero alguno a eso.

Cuestión de cultura, insisto.