Aleinad Mina

Aunque la ciencia y el arte han sido consideradas como disciplinas opuestas, por tener distintos fines, durante muchos siglos fueron saberes unificados. Encontramos a la imaginación como un punto de partida para estos ámbitos, es una condición del ser humano crear y toda creación es fruto de la imaginación. Sin esta facultad, el científico no podría desarrollar grandes teorías en las que se sustenta hoy nuestro mundo, y tampoco el artista podría descubrir nuevos lenguajes de la naturaleza. Pero algo más nos dice la facultad de imaginar de nuestra mente, ¿cómo podemos imaginar lo imposible?, es un planteamiento paradójico que ha fascinado no sólo a artistas y a científicos, sino también a filósofos de la mente que buscan la naturaleza y los alcances de la psique.

Maurit Cornelis Escher es uno de los artistas más concurridos por la comunidad científica, que logró plasmar de manera asombrosa la comunión que acompaña las ciencias y el arte. La estética de Escher participa de un juego serio que desafía la configuración ordinaria del mundo, el espacio-tiempo, las leyes físicas y principios matemáticos. Su estilo es inigualable, sus obras de contenidos abstractos, simples, conceptuales y oníricos no se pueden clasificar dentro de los movimientos de vanguardia. Tenía un dominio técnico en el grabado de madera, la escultura, el dibujo y la litografía, pero se le considera sobre todo un constructor de mundos imposibles.

Escher fue un demiurgo de la perspectiva, la relatividad, la ilusión óptica y los espacios imposibles, por eso un espacio escheriano se relaciona también con la complejidad de ciertos procesos psíquicos. Por ejemplo, las realidades espacio-temporales del mundo escheriano son una representación psicológica de las paradojas que están presentes en lo que normalmente entendemos como una estructura mental ordenada y sistemática, que, al conectar con la imaginación, la conciencia se percibe como un espejo y el yo articula una autoreferencia.

Sus obras van desde elementos naturales, paisajes y mosaicos árabes que generan la sensación de infinito; hasta las estructuras imposibles de la geometría que establecen una relación directa entre ciencia y arte. Los objetos imposibles son extravagantes figuras que han sido parte de los estudios de las lógicas inconsistentes. En el plano científico, estas figuras son importantes para ejemplificar temas relacionados con la relatividad, la cosmología y la astronomía. Escher sin ninguna contradicción articula un mundo en donde distintas dimensiones se enlazan para establecer un orden distinto, un orden onírico.

Escher juega con la perspectiva para crear estructuras imposibles, su grabado “Ascendiendo y descendiendo”, está basado en la escalera imposible de Penrose, es un problema matemático que alude a una estructura que manifiesta lo imposible del espacio y en un nivel más profundo tiene una implicación directa con la manera en que la consciencia percibe. Dicha escalera está presente también en la película Inception de Christopher Nolan y alude al mismo principio.

El triángulo de Penrose, otra figura imposible usada en su litografía Cascada, se basa en el mismo principio, se trata de un triángulo de dos dimensiones que se percibe como una figura tridimensional, esto sería una imposibilidad sino fuera por la ilusión otorgada por el movimiento que genera la cuarta dimensión del tiempo.

Por último, la litografía Manos dibujando en la que vemos una mano derecha dibujando una mano izquierda y a la inversa, nos representa una clara paradoja de la relación entre el dibujante y su dibujo. Es una ilusión de un circuito que refleja que en cada una de las etapas que constituyen el ciclo hay un cambio de nivel de abstracción, esto equivale a un movimiento ascendente de una jerarquía, en donde dichas ascensiones dan la apariencia de un ciclo continuo e interminable.