Por Guillermo Pimentel Balderas

¿Quién sigue…?

Pues, resulta que los hoy alcaldes, antes delegados, tienen su “talón de Aquiles” en sus despachos de prensa. Sí, porque, han encontrado la vida inútil, perdón fácil, de enviar sus boletines de prensa a los grupos de Wapp que han formado algunos reporteros.

¿Para qué una relación directa con el reportero? ¡Ah…! Pero sigue habiendo favoritismo con los colegas de medios escritos nacionales, principalmente. Y, este caso, de antaño, conservador, se sigue dando en mata. Y, no solo con los alcaldes, sino también en el Gobierno federal, local y demás.

Ya no hay el “oficio”… ¿viejo…? Del acercamiento personal y de la atención, telefónica, con el reportero. Todo lo hacen por WAPP. El correo (E-mail) queda en segundo término…

Pero, ¿qué hay de los costosos equipos, de personas, que tienen las oficinas de prensa de las alcaldías?  Muchas de ellas, hasta se hacen bolas. O, duplican funciones. O, se la pasan en comisiones.

Un ejemplo, muy claro, es en la alcaldía de Iztacalco, donde al parecer, Armando Quintero ya puso medio orden. Si, hasta donde sabemos, prescindió de los servicios de un dizque periodista, como jefe de prensa. ¿Su nombre? Alberto Carrillo.

Lo conocemos y sabemos que es una persona sin palabra y sin “oficio” del periodismo. Obstruía el acercamiento de los reporteros con el alcalde. Y, como vecino, le solicitabas ayuda, aún con oficios entregados en su mano, y nunca respondió.

Y, ni se diga del personal que tenía a su cargo. Incompetente. ¿Lo sostendrá Quintero? Y, todavía hay más. Una revista, de muy mala a pésima, tanto en diseño como en contenido informativo. Aparte, la impresión. Un portal incompleto y tardío. El alcalde, prácticamente, desapercibido en los medios informativos, solo uno o dos de amigos.

En fin, ¿Quién sigue? ¿Miguel Hidalgo? ¿Cuauhtémoc? ¿Benito Juárez? ¿Tlalpan? ¿Magdalena Contreras? ¿Tláhuac? ¿Azcapotzalco? ¿Coyoacán?, entre otras más. Pocas se salvan. Pero, la pregunta es: ¿los alcaldes pondrán a trabajar a sus jefes de prensa? Pues, hay que poner las barbas a remojar… ¡Adiós Alberto…!