Cuanta mediocridad se exhibe cuando culpamos a los demás de nuestros yerros, fracasos e insatisfacciones. No sólo mostramos incapacidad o ignorancia para alcanzar metas, sino que, además, buscamos escapar de nuestras responsabilidades en todos sentidos.

Nos convierte en seres miserables, profesionales mediocres e indignos de confianza en el desempeño de cualquier actividad.

Peor cuando en el recuento de nuestras acciones repartimos culpas, pero no asumimos nuestra responsabilidad. Acusamos a otros si no tenemos tal o cual cosa; afirmamos que si otro progresa es por corrupto y señalamos al de enfrente con la sospecha del éxito mal habido. En última instancia, responsabilizamos al destino, a la mala suerte o porque nadie nos ayudó a superar esa condición de la que nos quejamos.

Así con el actual gobierno, que canta como un logro lo que otros hacen con su esfuerzo. Reparte el dinero que otros aportan, pero es incapaz de crear condiciones para mejorar en todos los aspectos de la vida del país.

Así vemos que, sin pandemia, México arrastraba seis trimestres de baja económica, caída de la confianza de inversionistas que decidieron cambiar de destino su dinero, baja estrepitosa en sectores industriales especialmente los relacionados a la construcción donde lo único que subió fue el desempleo.

También, previo a la pandemia, Pemex reflejaba pérdidas por más de 300 mil millones de pesos; el combate a la corrupción, se “dignificó” desde el púlpito del Palacio Nacional desde donde se repartió discrecionalmente y sin licitación, el 78 por ciento de los contratos de obra pública y concesiones gubernamentales. Se compró a las Fuerzas Armadas con ello.

La promesa de mejorar la seguridad se convirtió en un baño de sangre superior al de las administraciones anteriores y la cínica liberación de capos y privilegios a sus familiares, creciendo en territorio e influencia, a grado tal que elementos castrenses eran masacrados, desarmados y ofendidos.

No, no encontramos logros y para colmo, llega la pandemia, justo cuando meses antes, el presidente ordenó recortes al presupuesto de operación del sector, desmanteló servicios públicos de salud y bajo el pretexto de combate a la corrupción, canceló compras de medicamentos que costaron vidas, mientras que un virus asesino llegaba al país y cobraba su cuota de muerte: más de 21 mil víctimas, a la fecha.

En lo político, muestra su incapacidad para llamar y encabezar un gran acuerdo nacional: Por el contrario, golpea con todo a empresarios, periodistas, medios de comunicación, partidos, gobernadores, partidos, organismos autónomos y de la “sociedad civil”.

Peor: “quien no está conmigo (la cuarta) está contra mí”, polarizando a la sociedad y provocando mayor división, confrontación a niveles nunca vistos.

Así, en ese resumido marco López presumirá “logros”, quisiéramos saber de uno que no sea reparto gratuito de los impuestos que aportamos quienes trabajamos.

¡Gracias señor presidente!