La palabra “lunes” viene del latín dies lunae, que quiere decir «día de la luna».

Luna, tiene su origen en el griego leukós y significa “la luminosa, la que ilumina”. Este astro siempre ha evocado una fuerza especialmente femenina; prácticamente en todas las culturas este cuerpo celeste ha estado asociado a la mujer.

Por eso es de llamar la atención que precisamente, en ese día de la semana que los antiguos dedicaban a “aquella que ilumina a todos”, las mujeres de nuestro país hayan decidido unirse para manifestar el más punzante y justo reclamo: las mujeres se ausentaron para hacerse presentes, como si fuera un eclipse.

Tal vez sea una mera coincidencia. Pero parece un tanto providencial, como si Fanes y la Noche así lo hubieran designado desde el inicio de todos los tiempos.

#UnDíaSinMujeres nos obliga a reflexionar sobre la más terrible de las ausencias, esa que ya no tiene remedio porque de la muerte nadie regresa.

La realidad es esta. México vive una etapa de violencia extrema sin precedentes. Según los datos oficiales, hasta finales de enero han sido asesinados 40 mil 299 mexicanos desde el 1 de diciembre de 2018 (el día en que inició la “Cuarta Transformación”).

Es la cifra más alta de asesinatos desde que se lleva registro. La Patria está sangrando y no se ve una estrategia clara para detener la hemorragia.

Hay un elemento que convierte esta crisis en algo todavía más terrible por ser inexplicable: la creciente ola de feminicidios, la enorme cantidad de mujeres que forman parte de esa aciaga cifra, por el simple hecho de haber nacido bajo el signo de Selene.

Es doloroso e incomprensible. ¿Qué lleva a un hombre a convertirse en una bestia capaz de cometer un crimen tan atroz, con tanto odio y desprecio? ¿Tan profunda es la crisis en la que está sumida nuestra sociedad?

Gustave Moreau, pintor francés considerado precursor del simbolismo, describió con ominosa precisión lo que hoy viven las mujeres en México:

“Pálidas y vastas figuras, tremendas, solitarias, oscuras y desoladas, amantes fatales, misteriosas, condenadas a las infamias titánicas. ¿Qué será de vosotras? ¿Qué será de vuestros destinos? ¿Dónde podrán ocultarse vuestros terribles amores? ¿Qué terrores, qué piedades inspiradas, qué tristezas inmensas y estupefactas se despiertan en el ser humano llamado a contemplar tanta vergüenza y horror, tantos crímenes y tanta desventura?”

Entre más intensa esté la luz de la luna, más se apaga el grito contemporáneo y desesperado: ¡Nos están matando!