El pasado 11 de abril el Consejo de Salubridad General (CSG) publicó en sus sitios oficiales un documento llamado “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica”.

La guía planteaba que, ante una saturación hospitalaria por pacientes de coronavirus, se debía priorizar la asignación de cuidados intensivos a los jóvenes sobre los adultos mayores. Esto desató una controversia nacional e incluso hubo voces que acusaron al Gobierno de “jugar a ser Dios”.

El 13 de abril, a pregunta expresa durante el informe diario sobre coronavirus, el Dr. Hugo López Gatell comentó que “este tipo de guías son muy importantes”, pero que el documento publicado no implicaba “en este momento, una decisión ejecutiva”, aun cuando el CSG es un órgano colegiado que depende directamente del Presidente de la República.

La respuesta del Dr. Gatell no debió ser muy convincente ya que, al día siguiente, la UNAM y su rector emitieron un comunicado mediante el cual se deslindaban del contenido de la “Guía Bioética” publicada por el Consejo de Salubridad.

El 15 de abril hubo dos deslindes más: uno por parte del propio secretario del Consejo de Salubridad, el Dr. José Ignacio Santos Preciado, que refirió que la guía publicada era más bien un borrador que no se había “sometido al pleno del Consejo” y otro, mucho más fuerte, por parte del Dr. Manuel H. Ruiz de Chávez, titular de la Comisión Nacional de Bioética.

El Dr. Ruiz de Chávez emitió un posicionamiento donde exhortaba al Consejo de Salubridad a realizar una versión “incluyente y consensada” de la guía ya que esta manifestaba “diversas deficiencias argumentativas en su redacción”.

Menos de 24 horas después, la Secretaría de Salud anunció la renuncia del Dr. Manuel H. Ruíz de Chávez como titular de la Comisión Nacional de Bioética argumentando “motivos personales”.

De acuerdo a la información oficial, el Dr. Ruiz de Chávez habría presentado su dimisión al cargo desde el 20 de marzo, pero apenas se hizo efectiva a partir del pasado miércoles.

Esta renuncia llama la atención por tratarse de un puesto sumamente relevante ante la emergencia sanitaria en que nos encontramos.

Si sabían que era importante contar con una guía bioética y sabían que el titular de la Comisión Nacional de Bioética se iba a separar de su cargo, ¿por qué esperar más de un mes en hacerla efectiva? ¿Será más bien que a “alguien” no le gustó la crítica abierta al documento?

Este tipo de decisiones del Gobierno no se entienden cuando estamos en medio de una pandemia que puede ser catastrófica para nuestro país.

En mi opinión las autoridades no están jugando a ser ningún dios, están jugando a los dados.