Víctor Hugo Islas Suárez 

Hace justo 165 días que comenzó mi aislamiento por la pandemia, recuerdo mucho ese último viernes de la normalidad que se ha ido, platicaba con una de mis clientes que yo sentía que esto se iba a poner “feo” justamente porque el encierro era y es elitista.

Es decir, no todas las posiciones laborales tienen la oportunidad de operar desde casa, son millones de personas operativas que tienen que estar ahí en la calle para llevar el sustento a casa, desde la persona en el comercio informal hasta las afanadoras o taxistas, empresarios, y equipos de trabajo, pero un bajo porcentaje, solo el 22% de la población podemos hacer el “home office”

La pandemia del coronavirus ha dejado en evidencia un enorme desafío al que se enfrenta la humanidad la brecha digital, no solo se ha impuesto un cambio en la forma en que la gente vive, trabaja y se relaciona, sino que ha provocado que muchas personas se queden aisladas en sus hogares, especialmente en zonas rurales. La crisis sanitaria ha dejado al descubierto una nueva desigualdad que ha revelado (que ya lo sabíamos) las carencias económicas y sociales de una parte de la población y ha propiciado la exclusión, desinformación y la delincuencia cibernética.

La brecha digital es una realidad en todo el mundo, y el acabar definitivamente con ella dependerá de que empresas, organizaciones y gobiernos cooperen y asuman un compromiso para poner en marcha mecanismos que conviertan la inclusión digital en un derecho universal e imprescindible.

Pero recordemos que no basta declarar algo para que se vuelva realidad, no importa que gobierno lo diga, las realidades se yuxtaponen a las declaraciones y en todos los ámbitos tenemos serias deficiencias, ahora viene para las escuelas un modelo de enseñanza por televisión, que para ser realistas pocas personas en el país tienen la capacidad para decidir si esta funcionará o no, lo que es un hecho es que no todas las casas tienen computadora, televisión según el Inegi un 95% de la población tiene acceso a ella, y ahí está el tema, ese 5% que se quedara relegado y excluido de un derecho que nuestra constitución marca, el derecho a la educación.

La pandemia es elitista, es para los y las que podemos hacerlo, para las empresas que “aguanten”, para los que tenemos internet y computadora, recordemos que para el teletrabajo no basta con un teléfono inteligente, y todavía para los que tienen los recursos, a 165 de encierro falta manejar bien las herramientas.

Por ello no se enoje usted con las personas que sufridamente tienen que salir a buscar su sustento, enójese con los que pueden quedarse en casa y no lo hacen, repudie a los que hacen fiestas o reuniones de más de 10 personas ajenas a la misma casa, eduque al que cree que el termómetro mata neuronas, oriente al que no use cubrebocas, pero a los que tienen que buscar su pan dejémoslos en paz, no es culpa de ellos que la maldita pandemia sea elitista.