Marta Obeso / @MartaObeso

Las malas palabras de esta semana tienen que ver con la INFERIORIDAD: esa posición, situación o cualidad que provoca condiciones de desventaja para poder ser competitivo. Desde el punto de vista clínico, se le llama disfunción.

Pero la inferioridad también se encuentra en aquello que es menor en cantidad, calidad o rango; no solo está presente en aquellos seres que por circunstancias ADVERSAS se encuentran ubicados en niveles que se hallan por debajo del punto que se considera superior.

En grupos de trabajo y en política, desde un punto de vista DESPECTIVO, los subordinados son tratados con MENOSPRECIO por quienes ostentan la más alta jerarquía; quienes en ocasiones llegan a considerarlos personas de MENOR VALOR, CATEGORÍA o PEORES CUALIDADES.

El constante BOMBARDEO de mensajes de autosuperación al que estamos expuestos a lo largo de nuestra vida, propicia el surgimiento de ideas sugestivas que nos orillan a emprender compromisos que nos exponen a demostrar nuestras capacidades y experiencia. Al no lograrlo, esa sensación de FRACASO y VERGÜENZA suele ser sobrecompensado con comportamientos que van desde una actitud de INDIFERENCIA ante las DESAVENENCIAS surgidas por la FALTA de resultados, hasta el empleo de una retórica de INTOLERANCIA con la que se pretende MITIGAR la filtración de esas voces que se considera inferiores y que aclaman al sentido común.

Cuando desde la MÁS ALTA JERARQUÍA se menosprecia a quienes se pretende se mantengan al margen de la situación, converge una serie de situaciones que favorecen la traspolarización del nivel de inferioridad, a tal grado, que esto deja de ser un sentimiento y pasa a convertirse en un COMPLEJO.

Quien asume que siempre tiene la razón y que los demás están EQUIVOCADOS al señalar sus logros como fracasos, no solo dan muestra de su inferior capacidad, emplean esta ARROGANCIA para atenuar la INSEGURIDAD que se deriva de severos problemas de AUTOESTIMA; algo muy parecido a la personalidad de un DICTADOR.

Un dictador es precisamente un ser inferior que logra empoderarse sin permitir la interdependencia de quienes conforman un equipo de trabajo, sin delegar responsabilidades y asumirse como la única persona capaz de tomar decisiones, son claras señales de una gran falta de seguridad personal, lo que se traduce en un gran deterioro para el bienestar individual y en un complejo de inferioridad que se pretende superar al convertir a los demás en seres incapaces de lograr el éxito.

Napoleón Bonaparte, Adolf Hitler y Benito Mussolini, son personajes de la historia que, gracias a un manejo magistral de la inferioridad que les caracterizaba, lograron superar la DESDICHA surgida por la DESVALORIZACIÓN de sus propias capacidades, llegando al extremo de lograr ostentar el poder con la finalidad de obtener atributos que les permitieran ocultar las condiciones físicas que durante los primeros años de su vida fueron motivo para sentirse inferiores.

Los autócratas del tiempo actual difunden historias con las que DESGASTAN la democracia. Ofrecen información sesgada con la intención de DESMORONAR el proceso determinado para un relevo democrático.

Al menos que los subordinados perciban estas señales de advertencia y se actúe de forma oportuna para evitarlo, la inferioridad seguirá siendo ese complejo que seguirá ENGRANDECIENDO a esa gente MEDIOCRE que nos mantiene sumidos en este ESTANCAMIENTO.

martaobeso@esferanoticias.com