Salud

México, primer consumidor mundial de bebidas azucaradas que provocan la muerte de 24 mil mexicanos al año

 Mercadotecnia y procesos económicos, políticos y culturales, contribuye al mal hábito con consecuencias alarmantes


Por Guillermo Pimentel Balderas

La Mercadotecnia, junto con procesos económicos, políticos y culturales, contribuye al mal hábito de la ingesta de refrescos o bebidas endulzadas en exceso, que se asocia con obesidad, diabetes tipo 2, derrames cerebrales, enfermedades arteriales coronarias y óseas, entre otros padecimientos.

Otra cifra alarmante –subrayó-, es que en comunidades rurales, siete de cada 10 niños desayunan con refresco y, en consecuencia ha colocado a México en el primer lugar como consumidor mundial de estas bebidas endulzadas con consecuencias alarmantes.

Al dar a conocer estos tremendos datos que provocan la muerte de 24 mil mexicanos al año, Florence L. Théodore, del Instituto Nacional de Salud Pública., expuso que una familia destina 10 por ciento de sus ingresos totales a la compra de estos productos.

Florence L. Théodore, al dictar la conferencia “La construcción cultural del consumo de los refrescos en México”, en el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), de la UNAM, agregó que una cuarta parte de la ingesta calórica de los mexicanos proviene de este tipo de brebajes.

 “México es el primer consumidor de refrescos en el mundo, con un promedio de 163 litros por persona al año, aproximadamente 40 por ciento más que el segundo consumidor: Estados Unidos, con 118 litros, según datos de la Universidad de Yale”, explicó.

Alertó que ingerir refrescos o bebidas endulzadas en exceso se asocia con padecimientos como obesidad, diabetes tipo 2, derrames cerebrales, gota, asma, cáncer, artritis reumatoide, enfermedades arteriales coronarias y óseas, problemas dentales y de conducta, trastornos psicológicos, envejecimiento prematuro y adicción.

Afirmó Florence L. Théodore, que “en promedio, una familia mexicana destina 10 por ciento de sus ingresos totales a la compra de refrescos; 24 por ciento a otros alimentos y bebidas; y 66 por ciento a vivienda, educación y vestimenta, entre otros”.

Esta situación –precisó- es preocupante, pues “según la asociación civil ‘El Poder del Consumidor’, las bebidas azucaradas provocan la muerte de 24 mil mexicanos al año debido a la ingesta calórica, y son quienes fallecen más en la región”.

Detalló que el consumo de refrescos en México es resultado de procesos económicos, políticos y culturales, con consecuencias alarmantes: “entre 1999 y 2006 se triplicó el consumo de bebidas azucaradas entre los adultos mexicanos, y de este sector, 15 por ciento de los que beben refrescos de manera ocasional son más propenso a padecer obesidad.

“El anclaje del refresco en la dieta del mexicano es desde la cuna hasta la tumba, pues persiste la dificultad y hasta el rechazo a renunciar a estas bebidas, incluso entre personas con diabetes”, destacó Florence L. Théodore.

Expertos analizaron los peligros del consumo diario de bebidas azucaradas y evaluaron su aporte calórico como factor de riesgo para desarrollar obesidad y síndrome metabólico, pues una cuarta parte de la ingesta calórica de los mexicanos proviene de este tipo de brebajes.

Su consumo implica altos costos al erario público por tratamiento de enfermedades asociadas, que derivan en menor productividad laboral, gastos importantes para la población y pérdida de la calidad de vida.

Buena imagen del refresco

Alrededor de estos productos la misma población ha construido prácticas de consumo afianzadas con sentidos identitarios, valores y momentos de convivencia: festejos, rituales y emociones positivas.

Todo esto ha sido reforzado por la mercadotecnia a lo largo de varias generaciones, lo que contribuye a la incorporación duradera de estas bebidas en la dieta del mexicano, señaló la socióloga especializada en salud.

Finalmente, refirió que el Hospital Infantil de México no recomienda el consumo de bebidas con azúcar y bajo contenido de nutrimentos, pero en caso de ingerirlos, debe ser de manera ocasional y en una porción no mayor a 240 mililitros.