Jorge Alberto Pérez Curiel

Socio de Business Advisory Services de Salles Sainz Grant Thornton.

Tomar las mejores decisiones económicas implica generar un plan de continuidad de negocios para sobrevivir en la actual crisis económica e, incluso, salir fortalecidos de ella.

Para ello, es importante contar con información confiable y actualizada que nos ayude a tomar decisiones asertivas en momentos críticos. También conviene definir una metodología para planificar y monitorear los resultados de nuestro negocio.

Realizar pronósticos inmediatos, a corto plazo y mediano plazo (semanal, 13 semanas y seis meses), permite determinar presupuestos medibles y realistas, dar seguimiento a cualquier variación y contar con un plan estratégico para enfrentar la situación y garantizar la permanencia en el mercado.

Sin embargo, en ocasiones es necesario plantearse escenarios extremos como explorar la posibilidad de obtener financiamientos no tradicionales, alianzas estratégicas o, incluso, vender la empresa. Después de implementar estrategias como bajar el gasto corriente, eficientar la operación e incrementar el ingreso, entre otras, es posible que los escenarios aún sean adversos.

El mejor termómetro para identificar la solvencia y salud de nuestro negocio es el manejo y control del flujo de efectivo. Cuando la proyección de flujos nos muestra insuficiencia, es momento de plantear nuevas medidas y tomar nuevos caminos.

Ya sea que busque a inversionistas externos para invertir en nuestro negocio (financiamiento no tradicional) o que decidamos fusionarnos con proveedores, clientes o la competencia (alianzas estratégicas) o inclusive retirarnos del negocio y recuperar la inversión (vender la empresa), es imprescindible conocer el valor actual del negocio.

Si lo que se busca son nuevos socios o inversionistas, debemos ofrecer cierta seguridad al probable inversionista. Si lo que buscamos es vender la empresa y dejar el negocio, conviene estar conscientes de lo que estamos dispuestos a vender y que convenza al probable comprador. En ambos casos, lo indicado es tener un valor de referencia que pueda ser aceptado por los probables inversionistas o comparadores. Una valoración de empresa es útil para compraventa de negociación, fusión o escisión, liquidación o como base de negociación con bancos y para apalancamientos, esencialmente para la toma de decisiones.

Existen dos métodos conocidos y generalmente aceptados en las transacciones de este tipo. Uno es el método de flujos descontados o descuento de Flujos de cajas. El segundo es el método basado en cuentas de resultados conocido como Múltiplos PER (Price Earnings Ratio).

En el método de flujos descontados (Descuento de Flujos de cajas) se calcula el valor de los beneficios esperados a futuro de la empresa. Se utiliza la línea de tiempo y se proyectan los resultados, se estiman los flujos de caja libre y se aplica una tasa de descuento. Mediante fórmulas aritméticas podemos determinar el valor estimado de la empresa.

En el método basado en cuentas de resultados (Múltiplos PER, Price Earnings Ratio) se realiza una “comparación” a través de parámetros e indicadores financieros, determinados respecto a empresas similares, lo cual puede ser con empresas “comparables” en donde se toma en cuenta industria, mercado, volumen de operaciones, empleados, producto y otros.

También es posible combinar los dos métodos para determinar un valor que concuerde con la estructura, el tamaño y giro de la empresa.

Es importante aclarar que es diferente el “precio” a el “valor”. El valor se determina mediante métodos reconocidos que van en función de análisis y mediante fórmulas para llegar al monto estimado, mientras que el precio es aquel que el comprador y el vendedor están de acuerdo en establecer durante la transacción.

Por lo general, el valor rara vez llega a ser igual al precio de una transacción.