*Palacio Nacional, convertido en oráculo y paredón

Miguel A. Rocha Valencia

Convertido en oráculo, Palacio Nacional es el centro de la atención mediática desde donde se dictan líneas políticas, juicios sumarios y, en síntesis, se determina, por parte de un solo hombre, el futuro de más de 120 millones de mexicanos.

Desde ahí, López Obrador asume el papel de caudillo, tlatoani o emperador para ejercer su gobierno unipersonal para dictar línea, decretar situaciones, acusar y muy próximamente, juzgar a jueces, a quienes acusará, sí, de corrupción.

Asume el poder absoluto y quien se atreve a oponer alguna resistencia, es avasallado, ya sea con mentiras o el dictado omnímodo que no acepta réplica, ni siquiera de quienes deberían ejercer como pares institucionales que equilibren la vida democrática del país.

El perfil se aprecia más dictatorial, la verdad se vuelve única; comisionados de Energía, ignorantes y a modo porque así los quiere; crecimiento del dos por ciento porque así lo ordena, juicio sumario a juzgadores ante medios porque él es la máxima autoridad para hacerlo.

Reclamos a España y El Vaticano, pero sumisión ante Estados Unidos.

Tren, pipas, refinería sin licitación, y cancelación del NAIM, porque me “canso ganso”.

Periodistas fifís, asesinos e incendiarios, retrógradas y conservadores por no estar de acuerdo con el tlatoani, a la “hoguera”; quien difiere, linchado ante medios, y una corrupción sin destinatario, sin nombre, sin castigo.

Miembros de la CNTE que retan al poder supremo, marcan la ruta y agenda al Legislativo y hacen de la complicidad con el caudillo su trinchera para lograr lo que quieren y se le prometió a cambio de sumisión.

Cuidado, quien se atreva pagará las consecuencias; el paredón instalado en Palacio Nacional podría ser su futuro. La esperanza es que los poderes Judicial y legislativo, éste en menor medida, contengan a pesar de las presiones y juicios mediáticos. De otra forma, la noche que se avecina, podría alargarse hasta que el pueblo sabio lo decida.

No importa lo que digan, aunque sean del “equipo”, la verdad es una, el sabihondo es el intérprete de los dioses, él decreta, su perdón alcanza al más corrupto y su decisión es inapelable, aunque en ello esté el futuro del país y el bienestar de los gobernados.

Así son este tipo de gobernantes que pensamos idos de América Latina y que, sin embargo, parecen inherentes a los atavismos de los nativos de estas tierras.