/ ¿Discrecionalidad o partida secreta?

  • Congreso, simple oficialía de partes que autoriza ingresos y gasto discrecional al Ejecutivo

  • Miguel A. Rocha Valencia

    En una economía como la mexicana, donde las inversiones escasean luego del golpe a la confianza de los empresarios con la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional en Texcoco, y que los cacareados 10 mil 500 millones de dólares que dicen, llegaron del extranjero, que en realidad son, en su mayoría, capitales que ya estaban en el país, caer en subejercicios presupuestales, resulta un grave error pues contraerá la economía, dará menor crecimiento y mayor desempleo.

    No se necesita ser mago para saber que los110 mil millones que Enrique Peña no ejerció del gasto autorizado el año pasado y los 141 mil millones que el gobierno de AMLO no ha gastado en lo que va del año, traerán consecuencias graves a la economía, pues se trata de dineros destinados a inversión, ya sea en la compra de productos y servicios, obras o, en salarios.

    Es como cuando en casa se confunde como ahorro no invertir en salud, educación, deporte, vestido y hasta alimentación.

    Ese es el caso de la actual administración que, además, está violando la norma jurídica ya que el subejercicio es punible dado que el Presupuesto de Egresos, una vez aprobado por el Congreso, se convierte en Ley que debe aplicar el Ejecutivo; no hacerlo, debería ser causal de responsabilidad administrativa y hasta inhabilitación.

    Si se gasta en lo que no señala el propio presupuesto-Ley, se castiga con cárcel. Se le llama desvío. Recordemos que el funcionario, en este caso el Jefe del Ejecutivo sólo puede hacer y gastar en lo que le dice la norma aprobada por el Congreso. Los recursos van etiquetados.

    En el caso que nos ocupa, la situación se torna aún más grave desde el punto de vista legal, cuando se autoriza al Ejecutivo a destinar recursos presuntamente «ahorrados», no ejercidos como lo establece la Ley de Egresos, en lo que el Presidente de la República determine.

    Es decir, si dice que recorta recursos (ahorra) en medicamentos porque simplemente él lo ordena, ya viola la ley, pero si luego usa esos dineros a discreción, en lo que él considera sin siquiera consultar al Legislativo para hacer las modificaciones a la norma, pues ya se volvió un acto discrecional, fuera del marco legal.

    Eso ocurría por ejemplo, con el dinero que se otorgaba al Presidente en turno con la llamada «partida secreta», que de acuerdo a algunos ex mandatarios ocupaban para emergencias climatológicas y apoyar algún proyecto. Se calcula que ese rubro contaba con alrededor de dos mil millones de pesos que según el senador de Morena Martí Batres, el mandatario podía llevarse a su casa pues no eran auditables.

    Lo curioso es que el mismo legislador dice que la discrecionalidad que se quiere otorgar a López Obrador en el uso de los «ahorros», no es lo mismo, pero sí, sólo que ahora no son dos mil, sino 140 mil millones de pesos que podrá mover el de Macuspana para lo que él quiera, incluso y es obvio, engordar su ejército de agradecidos beneficiarios de programas sociales, llámeseles como se les llame.

    La diferencia entre la partida secreta y lo que hoy pretenden López Obrador y sus legisladores convertidos en lacayos, es que aquella era mínima en comparación del presupuesto, que estaba etiquetada y no crecía; la de hoy, puede ser del monto que quiera el jefe del Ejecutivo aplicando recortes ilegales aquí y allá con entera libertad y violando el Presupuesto-Ley.

    En suma, la partida de que hoy dispondría López Obrador, es de 141 mil millones que no le serían auditados ni etiquetados.

    Y, si ya de por sí puede hacer con el presupuesto lo que quiere y sin que la Auditoría Superior de la Federación, en manos de los diputados morenos, le marque desviaciones, subejercicios u opacidad en la asignación de recursos, pues que el Ejecutivo sólo vaya al Congreso, convertido como en los mejores tiempos del PRI, en una simple oficialía de partes, a que le firmen el monto presupuestal y que lo gaste como le venga en gana. Total, para eso lo eligieron 30 millones de mexicanos y los otros 95 millones, nos tendremos que aguantar.