Moches o gestoría

*Todo igual que en otros sexenios, lo que era corrupción, hoy es progresista

Miguel A. Rocha Valencia

Son seis billones 100 mil millones de pesos lo que el gobierno de López Obrador dice que va a recaudar y gastar, lo cual implica que comparado con el año pasado, el paquete fiscal 2020 sólo refleja un aumento equivalente a inflación y que en términos reales podría equipararse al del año pasado.

Serán cerca de 185 mil millones de pesos más que en 2019, y se presume que para el próximo año no habrá nuevos impuestos, pero si se van a incrementar los existentes de manera automática a los niveles de inflación reportados por el Banco de México.

Pero además, ahora si en términos reales, se establecen metas de crecimiento que no pasan del 1.2 por ciento y si se alcanza un dos como fue con los “otros”, será magnífico.

Es decir, lo que los otros lograron fue malo según la actual visión presidencial y lo que se logre en la presente administración, aunque sea pírrico, será extraordinario y justiciero.

Para ello, se sostendrán los precios de las gasolinas que en otros sexenios resultaban un atraco a la población y hoy son reales y sin corrupción, lo mismo que los precios y tarifas de los servicios que ofrece el gobierno, que esta vez se ajustan democrática y progresistamente, no como con los otros, rateros y autoritarios.

También, el cabildeo, de acuerdo con la percepción o concepción del presidente de la República, pasa a ser una actividad corrupta, pues ya no habrá “moches” desde Hacienda a petición de gobernadores que inútilmente vendrán a la capital a pedir más recursos para sus entidades.

En verdad que hasta da pereza teclear lo que dice el presidente López Obrador para quien en su infinita sabiduría, todo es corrupción, hasta las negociaciones de gobernadores en el Congreso o las diversas secretarías para acarrear recursos a sus estados.

Para López, todo son «moches» porque los recursos no los entregaba como él, una autoridad libre de toda sospecha.
En otros tiempos como él dice, se veía mal el gobernador que no llegaba a la capital a pelear dinero para su entidad; hoy eso es pecaminoso, fue pecado, fue corrupción.

De negociar, todo eso acusa a Agustín Carstens, ¡Que poca! de dar moches, cuando en realidad lo que hacía uno de los mejores secretarios de Hacienda era atender las necesidades de gobernadores e intentar reorientar el gasto, claro con la anuencia de su patrón y el diálogo con el Legislativo.

Hoy, López se alza como el todopoderoso dador de dinero presupuestal; el impoluto presidente desde su clarividencia, sabe lo que necesitan todos y él será el único que sin corrupción entregue el dinero, pudiéndolo regalar a quien quiera. El que diga lo contrario es porque es ¡Corrupto!

Pero sería interesante que el propio López, al acusar pruebe o presente denuncia formal a quienes acusa de corruptos. O que, ¿Él si puede con toda impunidad destrozar honras desde su púlpito de palacio Nacional? Y que conste que es pregunta.