• Lejos de cumplir promesas, mienten y se corrompen, peor que los de antes 

Miguel A. Rocha Valencia 

Ahora veremos que sucede luego de las elecciones municipales en Hidalgo y de Congreso en Coahuila, donde Morena resultó el perdedor y la oposición con el PRI al frente, se llevó la mayoría de las posiciones. 

Aunque no se dan los resultados oficiales, el PRI revivió especialmente en el norte, donde se llevó 16 diputaciones distritales y al menos nueve de mayoría, mientras en Hidalgo presume 33 de 84 alcaldías, donde también el PAN ganó y el Verde como tal se llevó lo suyo; los morenos… 

Pero más allá de que la autoridad confirme resultados o se presenten impugnaciones, el hecho es que las huestes del tlatoani olmeca, deben estar preocupadas y más el mesías porque apenas llevan dos años en el poder federal y lo sucedido en esas dos entidades puede reflejar algún tipo de inconformidad, decepción o enojo por lo que se ha hecho a nivel federal. 

Mucho tendrá que ver que las promesas incumplidas por el profeta tabasqueño no se hayan cumplido como crecimiento de la economía, meter al Ejército a sus cuarteles, bajar los niveles del crimen o en materia de lucha anticorrupción, donde le están ayudando desde Estados Unidos y sin que se entere, como él mismo confesó. Lo peor es que la gente percibe una gran incapacidad para gobernar conforme a derecho. 

Referente a la corrupción, más que combatirla y acabarla, parece que López la apapacha tal vez porque se trata de sus hermanos como el tal Pío López, de quien existen pruebas de sus trafiques de dinero y a quien, en vez de aplicarle la ley, se la quiere voltear a los denunciantes exigiendo que los encarcelen por revelar sus trapacerías. Igual sucede con el crimen organizado. 

La corrupción de la Cuarta salpica a casi toda su familia entre hijos, hermanos nuera, cuñadas, así como a sus cercanos colaboradores entre quienes se cuenta a los secretarios de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval y su marido John Ackerman, de Energía, Rocío Nahle con esposo y compadres, el ex de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, el encargado de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, el titular de la CFE y su hijo, Manuel Bartlett, el director del IMSS y sus cuates, Zoé Robledo, la de Conade, Gabriela Guevara, el ex del banco del Bienestar, Rabindranath Salazar y asociados. 

Podrían sumar más a la lista, pero ninguno de esos personajes como sucede con varios súper delegados que tienen radicadas 109 acusaciones en la Función Pública, es sancionado por la Cuarta, aunque el preciso sigue hablando de justicia. 

Claro, se olvida a veces que el oráculo de Palacio Nacional, personifica, encarna a la justicia y al pueblo y como tal, él define quien es culpable y quien no. Es decir, a la Ley sólo se refiere cuando se trata de los “otros” como sucede con Rosario Robles. Bueno, ni siquiera con Emilio Lozoya se atreve el macuspano, a la mejor porque éste si colabora y además es hijo de su compadre de grado Emilio Lozoya Thalmann. 

De todo eso se da cuenta el pueblo bueno y no tan bueno, como también observa cómo el caudillo de Tepetitán destruye instituciones, se burla de ellas, miente y acusa a quien le da la gana de lo que se le antoja de manera impune destruyendo reputaciones en las mañaneras, sin ofrecer más pruebas que su propio dicho, pero se enoja cuando le tocan a un cercano aunque se presenten con los pelos de la burra en la mano.   

La verdad es que no sabemos si se va a respetar la decisión de hidalguenses y coahuilenses, quienes no votaron en favor de los partidos ganadores porque sean los mejores, sino simplemente porque Morena hace todo para perder lo que ganó. 

Y no se trata sólo de revanchas o desquites como lo ha hecho el partido gobernante, sino de no ofrecer resultados en favor de la ciudadanía, lanzarse al agandalle incluso de los presupuestos federales y locales y cometer los mismos errores que llevaron a los anteriores partidos a perder lo que tenían y podrían recuperar. 

Peor si meten mano negra en los resultados comiciales, sería uno de los mayores errores de la Cuarta. La gente estaría ya no sólo decepcionada sino también enojada por saberse despojada de su decisión electoral.  

Si lo hacen, será peor el próximo año.