• López-Gatell adelantó que si se llegaba a 60 mil muertos, será el peor escenario

Miguel A. Rocha Valencia

La contundencia de Carlos Loret de Mola en Latinus de la semana que concluye, resulta una bofetada para el gobierno de la 4T por la contundencia de los argumentos que no son suyos, sino del propio presidente López y del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell.

De hecho, la cabeza de esta colaboración fue tomada de sus propias declaraciones del 4 de junio de este año, cuando ya registraba el país 12 mil muertos y el médico intentaba justificar su pronóstico equívoco de seis mil muertos, luego ocho mil, después 28 mil “redondeados a 30 mil” y finalmente afirmó que un escenario “muy catastrófico” sería llegar a 60 mil muertos.

Sin duda, esta semana, en plena pandemia acelerada, alcanzaremos esa cifra, con lo cual, deberá aplicarse el término acuñado por López-Gatell el 4 de junio pasado, cuando la cifra de muertos alcanzaba poco más de 12 mil, es decir, 48 mil fallecidos más en casi mes y medio.

Estaremos de acuerdo con el subsecretario en el sentido de que se trata de una catástrofe sanitaria con cerca de 550 mil contagios reconocidos y con un cociente de defunciones por arriba del 11 por ciento.

Claro, se buscarán explicaciones, disculpas que se van a imputar a las comorbilidades aunque cerca del 33 por ciento de las víctimas fatales no tengan ninguna de ellas, incluyendo la edad.

Y para reforzar tales teorías o mentiras, se tendrán en marcha campañas para legislar contra la venta, regalo o acceso de los niños a bebidas y comida chatarra, cuando lo que debieron hacer fue prevenir, preparar al personal para atender enfermos y evitar que el 47 por ciento de los intubados en los hospitales públicos fallezca.

Pero lo cierto es que las cifras “hablan”, sólo el 47 por ciento de los muertos tenían hipertensión o diabetes o ambas y se asociaban con edad.

También se verá que la pandemia le vino como “anilló al dedo” a muchos funcionarios de la 4T como el ya señalado director del IMSS, Zoé Robledo, quién no sólo dio contratos a su hermano o al hijo de Manuel Bartlett sino también a sus amigos y paisanos chiapanecos en la compra de cubrebocas pagándolos con más del mil por ciento de sobreprecio, 14 veces más caros como la Comercializadora del Golfo.

Y no se trata de centavos sino de cientos de millones de pesos. El diputado perredista convertido en “moreno”, entregó contratos a ex cuate de bancada y a todo aquél que ofreció hacer negocio a pesar de no estar en la lista de proveedores ni ser clientes reconocidos por la empresa 3M fabricante de las mascarillas vendidas al IMSS con un sobre precio brutal.

Si, se trata de un panorama catastrófico en salud, corrupción, economía y seguridad. Ese es el México que hoy gobierna la 4T con su tlatoani tabasqueño a la cabeza.