Yo Campesino / Cuánta perversidad

  • A López no le importa México sino su proyecto personal de poder

Miguel A. Rocha Valencia

La perversidad que asoma todos los días en los mensajes de quien debe ser líder, estadista y asumir actitudes de presidente de la República, nos llame a la unidad y tenga liderazgo de confianza frente a la crisis, es ya muy preocupante. Parece no importarle nada, ni los muertos, con tal de alcanzar sus objetivos personales.

No sólo son fines políticos, sino de una revancha íntima rumiada día a día desde hace varios lustros. Ni siquiera los suyos le importan, para él son sacrificables incluyendo los millones de mexicanos, pero no todos, pues debe rescatarse como número aquéllos necesarios para sustentar y avalar la 4T.

A estos últimos hay que cuidarlos y cultivarlos con programas de dádivas en efectivo, sin importar que los recursos sean a fondo perdido y no conciban actividad productiva alguna. Para generar los dineros se tiene a los “otros” que laboran y aportan para mantener a los primeros, pero no son necesarios y menos si no se alinean a los fines de la Cuarta.

Pero en el fondo a López no le importa el desempleo como tal tampoco los muertos de enfermedad o asesinados, resultan daño colateral en aras de un proyecto unipersonal que cada vez se perfila más hacia el autoritarismo con la concentración del poder absoluto, es decir con lo político y lo económico.

Esa tarea se ve imposible mientras existan resistencias y las fuerzas políticas debilitadas se resistan al chantaje y la amenaza, incluso con casos como Lozoya y su perfil declaradamente propagandístico sobre hechos que no ameritan responsabilidad penal o civil, pero propician el escándalo y escarnio públicos.

Por eso se sabe que, en privado, López se burla hasta de lo que él dice en público y que sabe daña a personas, levanta escándalo o distrae la atención de la sociedad. Sabe de los efectos que tendrán las acusaciones del ex director de Pemex cuando en seis meses inicie su juicio real y reparta culpas sin pruebas para que López haga apología de ello en sus mañaneras.

Su discurso por eso es también perverso. Desde hace años se ha movido en la impunidad de acusar, estigmatizar, chantajear sin la amenaza de ser castigado por ello.

Lo lamentable no es descubrir su juego, sino tener que soportarlo y saber que, si en sólo año y medio dividió a los mexicanos, hundió al país en la peor de sus crisis, con recesión técnica, caída anunciada del PIB del 10.5 por ciento, el mayor número de muertos sin tener guerra contra el crimen, con cientos de miles de millones de pesos tirados a la basura, otros tantos regalados a improductivos, sino cómo nos tendrá en seis años.

México está al borde del precipicio financiero, con las peores calificaciones de su historia en materia crediticia derivada de la desconfianza internacional en el mal manejo de las políticas públicas, incluyendo la economía. Fenómeno que se atribuye sólo a López Obrador. Él es quien toma todas las decisiones.

A casi dos años de asumir el poder, López sigue sin cumplir una sola de sus promesas de campaña, pero si nos mostró incapacidad como presidente de un país donde millones esperaban un cambio real y hoy, haga lo que haga, causa decepción.

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