• Gobernar, es de capacidades, de leyes, no buenas intenciones ni revanchas

Miguel A. Rocha Valencia

Muchos pensaron en verdad que López Obrador era el mesías que necesitábamos para salvarnos de gobiernos corruptos.

Era solo eso, salvarnos de la corrupción, lo cual no implicaba la seguridad de un crecimiento o desarrollo efectivo.

Es más, el fermento fue la inconformidad y la necesidad social de una revancha contra la clase dominante, esa que, como pasa con todas las revoluciones y “transformaciones”, sólo cambia de nombre y se queda con el poder.

Pero no cambiamos para mejorar; las incapacidades de Enrique Peña Nieto se sublimaron con López Obrador, con lo que las administraciones de Fox y Calderón, y su antecesor Zedillo, con todo y su mediocridad, quedan como insuperables, tal vez porque se rodearon de talento en todas las áreas.

Se les puede llamar como quieran, empezando por el adjetivo favorito de la Cuarta ¡Corruptos! Pero salvaron sus etapas con un crecimiento más o menos aceptable y colocaron al país entre las 13 economías más importantes del mundo.

Hoy, ya ni siquiera se habla de ello; si robaron, habrá qué reclamarles y encarcelarlos, pero entraba la inversión, había confianza en México. Hoy, de acuerdo con López, podríamos presumir (sin conceder) de honrados, pero hundidos en la mediocridad, con atrasos sociales, económicos, de infraestructura y seguridad, que se profundizan.

El mesías no cumple, sigue hablando de revanchas, castigos que no llegan y como si se tratara de una carpa de circo, usa Palacio Nacional para manifestar ocurrencias que causan la hilaridad o el enojo de propios y ajenos.

Hasta el plan de gobierno se reduce a eso, incluyendo la seguridad, donde más allá de la Ley, se aplican decisiones presidenciales; se afirma que no habrá perdón a evasores o elusores fiscales, pero se otorga libertad a capos de las drogas, tráfico de armas y personas; se fugan de cárceles y no se les persigue o se castiga a quienes las facilitaron.

Se impone a los titulares de organismos autónomos como las comisiones de Derechos Humanos, de Regulación de Energía, de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente y como se espera, magistrados de la Suprema Corte de Justicia, entre otros.

El 76 por ciento de los contratos otorgados por el gobierno al sector privado, se fueron por asignación, sin licitación pública y de ellos, el 90 por ciento se dieron a empresas creadas al inicio de esta administración y que incluso cambiaron de objetivo para obtener la chamba y se la dieron, aunque no cumplieran con el mínimo de requisitos.

Ojalá López fuera el salvador de la patria que muchos desean incluyendo a los decepcionados. México, sus habitantes no sufrirían las consecuencias, pero desafortunadamente gobernar no se trata de buenas intenciones y de amor y paz, sino de una lucha permanente que exige capacidades físicas, técnicas, administrativas, de conocimientos y relaciones… de confianza y de todo ello, carece la Cuatro T.