• López se dice satisfecho y en medio de la crisis, dice que mejor se va

Miguel A. Rocha Valencia

Sin recato alguno, en medio de la peor crisis sanitaria, económica y de seguridad, con un país semidestruído e instituciones devaluadas, López Obrador se dice satisfecho de “su gran obra” y está listo para irse en diciembre.

La verdad es que ya no sabemos qué pensar de alguien que anheló la presidencia de la República para a través de ella realizar acciones inconcebibles, llevarnos a la recesión, convertirnos en el país más ensangrentado por la violencia, desacreditado internacionalmente y en medio de la peor amenaza de salud, a la que quiso ignorar, salga con que está satisfecho de su obra.

Peor aún, se dice listo para abandonar el cargo de mayor responsabilidad en diciembre justo cuando el país necesita un presidente responsable, que asuma las riendas de la Nación para enfrentar la peor amenaza a la salud, a la vida de los mexicanos.

La falta de previsión, la negación de la amenaza, los “otros números” y cuanta estupidez escuchamos en las mañaneras, se quedan cortas ante el supuesto conformismo de quien parece darse cuenta por fin, que le quedó muy grande el saco de la Presidencia.

López Obrador dice haber cumplido con su sueño y la cimentación de la Cuarta Transformación, que más parece devastación, al aprobarse por orden suya, las reformas constitucionales que garantizan las dádivas populistas y neoliberales de regalar dinero incluso a quienes no hacen nada, sólo por ese hecho.

Reforma que quien sustituya a López podría dar marcha atrás, fortalecer el apoyo a adultos mayores, mujeres solteras o agredidas, pero no mantener a los millones de ninis que ven en la dádiva clientelar una opción para mantener el ocio o tener un ingreso sin mayor esfuerzo.

Para quien esto escribe, López llega a lo irresponsable, como si no viera que el país se desbarata y hace todo lo contrario a la lógica estadista para sacar adelante a una Nación, donde muchos creyeron en él y hoy los desilusiona.

Grande le quedó Palacio Nacional; se sintió rey, pontífice, condenó, acusó, canceló, mintió, difamó, dividió a los mexicanos, y continúa haciéndolo, causando con ello la mayor crisis en todos sentidos.

Y al no encontrar salida, asume una puerta falsa para intentar escapar de su responsabilidad constitucional. Se dice satisfecho y que puede irse. “No hace falta que esté aquí a la fuerza; además, qué vale un presidente, una autoridad sin apoyo popular; es una hoja seca, es la pura formalidad, es un florero, un adorno un presidente sin consenso”.

Lo toma como justificación, quiere el referéndum como una forma de salida y huir de su responsabilidad, Ahora lo sabemos. ¿Para eso quería la Presidencia?

¿Para hundir al país y luego escapar?