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  • López hunde a México en crisis financiera, sanitaria y de seguridad

Miguel A. Rocha Valencia

Ni modo, hay que darle la razón al presidente López en el sentido de que la construcción de obra pública servirá para paliar los efectos económico-financieros de la crisis sanitaria que nos golpeará junto con el resto del mundo.

Empero, aun con «su» refinería, tren y aeropuerto, cuya construcción ya lleva tiempo en ejecución, el país no levanta y la economía lleva más de 15 meses a la baja.

Tan sólo en la industria de la construcción, cumplimos 19 meses a la baja y el reporte a enero es que cayó 15 por ciento más, generando con ello desempleo precisamente entre «los más necesitados», quienes son los grandes perdedores pues se quedan sin sustento; los empresarios, simplemente dejan de ganar.

Es decir que, si un empresario no hace negocio, no gana, pero el obrero que pierde su empleo, no tiene para sobrevivir.

Entonces, con todo y las obras de López, el país iba en picada y así está desde la cancelación del NAIM. Los empresarios le perdieron la confianza, más cuando dijo una cosa y se desdijo en materia energética, como si las inversiones se improvisaran y se cancelaran de un día para otro.

Esa cancelación, además de hacer un «hoyo» en la deuda, causó un gran desastre en inversiones. El daño se puede cuantificar en cientos de miles de millones de pesos en pérdidas, y en cientos de millones de dólares en no inversión. Y es que, además, como para él todo es corrupción, entregó obra de manera directa a quien él quiso, y se sabe también que a muchos empresarios que hicieron negocios turbios, los tiene amenazados si no cooperan.

Tal fue el caso en el tema de la devolución de dos mil millones de pesos del Infonavit para la rifa del «no avión», recursos de los que ilegalmente dispuso el presidente, lo mismo que de subejercicios a los que él llama ahorros, en áreas tan sensibles como la salud. Ahí también les pegó a empresarios.

Remata con la amañada consulta sobre la cervecera Constellation en Mexicali, Baja California, donde de los mil 400 millones de dólares a invertir, ya se habían gastado 900 millones, que «alguien» deberá pagar.

Y no será López quien sacará dinero de su bolsa para amortizar esa deuda que sin duda será reclamada como lo fue con la cancelación del NAIM en Texcoco. Una vez más le pegó a la inversión; lo hizo porque quiso, porque para él los señores del dinero son todos corruptos y hay que ponerlos de rodillas o extorsionarlos, pero no negociar para que inviertan más. Mejor se van.

Por eso fracasó Alfonso Romo, encargado de acarrear inversiones desde la Oficina de la Presidencia. No le creen sus pares empresarios; igual camino lleva el «pobre» secretario de Hacienda, Arturo Herrera, cuya brillantez, se opaca y se pierde ante las decisiones presidenciales; joven de talento que rápidamente aprendió a agachar la cabeza y decir «lo que usted diga señor presidente».

Ambos, Alfonso y Arturo saben que el presidente está mal; la encomienda de mejorar la economía del país no va a llegar sin la participación de la inversión privada que se enterró al menos por lo que resta de este ominoso sexenio.

Nadie va a invertir con López en la medida que necesita el país; nacionales y extranjeros, recibieron otra puñalada con lo de Mexicali y como para ellos la ganancia es todo, pues no van a apostar en un gobierno que es capaz de cancelar inversiones tan cuantiosas como el NAIM y la cervecera.

Ni modo, pobre país, pobres mexicanos, porque después de la epidemia, vendrá la crisis económica de pronóstico reservado y de nuevo la van a pagar los más pobres.