• Se acelera el contagio; alcanzará al 70 u 80 por ciento de la población

Miguel A. Rocha Valencia

Las cifras ya son alarmantes y las proyecciones dramáticas; entre 70 y 80 por ciento de los mexicanos, seremos alcanzados por el COVID-19, es decir, cerca de 90 millones de infectados.

Eso se da por un hecho, lo que queda en el aire es cuántos de esos enfermos morirán a causa de la enfermedad.

Según Hugo López Gatell, el subsecretario de Salud, seremos los mismos mexicanos quienes con nuestro comportamiento y responsabilidad, gravitaremos en el número de víctimas fatales.

Instó con vehemencia que, a partir de ya, debemos quedarnos en casa al menos hasta el día 19 de abril y si es necesario, prolongar el encierro de acuerdo al avance de la epidemia.

Fue reiterativo, quédense en casa. Y es que la verdad muy pocos atienden la recomendación, lo cual puede acelerar los contagios.

De hecho, dijo que el monitoreo señala que es menos del 30 por ciento de la población la que está acatando la instrucción que es de carácter general, lo mismo para personal de gobierno que iniciativa privada y todos los sectores sociales.

Y tiene razón; el distanciamiento social que va más allá de la sana distancia; no se trata de estar alejados unos de otros, sino de plano aislarnos, especialmente los mayores de 60 años y enfermos de hipertensión, riñón u otros problemas de salud, que incluso conlleven inmunodeficiencia.

Quedarse en casa, es la instrucción; de ello depende la fatalidad de la epidemia y su propagación progresiva que permita que el sistema nacional de salud no colapse como en Italia.

Las condiciones empeoraron y aunque las cifras oficiales no rebasan los 900 enfermos confirmados y 16 defunciones, la curva de la epidemia se despegó en virtud de que los casos cuyo origen no tienen antecedentes de importación, crecieron, lo cual significa que los contagios ya son comunitarios, locales, esperándose un crecimiento dramático de los mismos en los próximos días y semanas.

Avizoran tan grave el asunto que, de acuerdo con la autoridad, ya no hay de otra, nos quedamos en casa o arrostramos una tragedia derivada de la saturación de nuestro endeble sistema de salud, donde se den casos de insuficiencia para atender a enfermos en niveles dos y tres, es decir, con neumonías, bronconeumonías o complicaciones críticas.

Esto es que el tiempo ya nos alcanzó; el reclutamiento oficial de personal de salud va lento y nos dicen que se buscan las formas en que habrá de aplicar el decreto mediante el cual, las autoridades podrán echar mano de instalaciones privadas para atender pacientes graves. Esto deberá estar listo la próxima semana en tanto se busca equipamiento.

Así que, a nosotros, la sociedad nos toca protegernos, evitar contagiarnos hasta donde sea posible, aunque hay un 80 por ciento de posibilidades de que eso ocurra, pero dependerá de la velocidad con que se propague el virus la posibilidad ser atendidos o no.

NO hay de otra, a guardarnos, el tema puede ser de vida o muerte, porque al final, el COVID-19, llegó para quedarse.