• Recorte en apoyos para productores equivaldrán a los que se hicieron en salud

Miguel A. Rocha Valencia

Más allá de si el presidente entiende la diferencia entre posponer y condonar adeudos fiscales o si prefiere la quiebra de las empresas que dan empleo en vez de aceptar unas décimas de deuda o redirigir el gasto de obras no necesarias a créditos blandos y significativos a la Iniciativa Privada, está un tema pendiente, que si no se atiende puede agravarse: alimentos.

Porque la disminución en las actividades productivas de alimentos, ya de por sí deficitarias y ahora agudizada por la pandemia, traerá consecuencias en varios de sus segmentos.

Y es que, a pesar de estar autorizados y etiquetados, por decisión de López, se sustrajeron del presupuesto de egresos más de 24 mil millones de pesos del sector agropecuario destinados al apoyo de pequeños productores agrícolas.

Ese “ahorro” presidencial, pegó dónde más duele a productores: descuentos en los intereses de los préstamos de la Financiera Rural, que habitualmente son del 14 por ciento en sus modalidades de avío y refaccionario, cuya tasa disminuye al siete por ciento en el caso de campesinos varones y del seis por ciento en mujeres.

La instrucción fue cobrar la tasa más alta, es decir 14 por ciento, con lo cual los equipos y refacciones para el campo, se encarecieron automáticamente.

Al mismo tiempo, se eliminó todo apoyo a la comercialización de la empresa ASERCA, con lo cual los productores pequeños quedaron desprotegidos en el mercado, pues ellos deberán acudir a los mercados y competir con los grandes productores.

Estos factores propiciarán la caída en la producción de los pequeños quienes no podrán abastecer el mercado doméstico, municipal, regional o estatal.

Pero, además, en el mejor de los casos, los productores mayores, que generalmente se dedican a la exportación, pondrán contra la pared a los pequeños y los harán entregar sus cosechas a los precios que les impongan, pues será costoso llegar a los canales de distribución como serían las centrales de abasto o mercados de consumo.

Es decir, caerán en manos de los grandes acaparadores quienes se quedarán con la ganancia de la comercialización.
Aunque el actual gobierno resulta miope y obtuso en la aplicación de políticas públicas alegando que en todo hay corrupción, una caída en la producción de los pequeños agricultores se va a resentir con lo cual la escasez de alimentos se va a dar.

Claro también es posible que, como en tiempos de Carlos Salinas, ese sea el fin de la actual administración, propiciar la caída de la producción interna para justificar la importación masiva de alimentos procedentes de Estados Unidos, así son de perversos.

Pero y ese es el punto, como no se contaba con la pandemia, no sabemos si de allá nos puedan mandar comida, pues sus procesos productivos también descendieron y entonces, lo poco que haya será caro y lo que no…