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  • No hay comparación de un cochupo para lograr una ley que la Presidencia

Miguel A. Rocha Valencia

López, el que debía fungir como presidente Constitucional de México, está más preocupado en propiciar escándalos para cubrir los daños causados al país por su pésima gestión, que por encontrar caminos de solución a la crisis sanitaria, económica y de inseguridad que vivimos y que se agudizarán por mera inercia y la incompetencia de su administración.

Lo único que evitará un gran desastre, es la vinculación de la economía mexicana a la del ante odiado enemigo, Estados Unidos.

Por lo demás, cualquier mejora será inercial, pero no gracias al talento del tabasqueño, quien sólo lo tiene para el escándalo mediático.

Tan es así que todos los días desde su púlpito mañanero nos dice tooooodo lo que está mal y es culpa de administraciones pasadas, como si no lo supiéramos. Gracias a eso, a los excesos de sus antecesores fue que logró colarse a una presidencia que le quedó muy grande.

Pero no nos dice que ha hecho para bien. Llevamos casi dos años donde la principal tarea de su gobierno, además de destruirlo económicamente y mostrar ignorancia supina para enfrentar a la delincuencia y los problemas estructurales, amanece en campaña permanente para acusar a quienes ya se fueron y ahora quiere juzgar ante la opinión pública.

De hecho, sostiene su popularidad en base a los escándalos, acusaciones, chantajes y linchamiento público de sus antecesores, pero él, nos dice qué hace, amén de violar la ley para realizar obras cuya utilidad es dudosa, como un aeropuerto que no va a responder a necesidades de mediano plazo, una refinería que llega tarde y en el peor de los lugares posibles, así como un tren que esconde intereses empresariales nacionales y extranjeros, donde las normas ambientales, son burladas por la palabra presidencial.

Pero no quiere hablar de los muertos, de las mujeres agredidas y asesinadas, rechaza cualquier parámetro económico-financiero que desdiga su visión personal del bienestar o la felicidad, que se reduce a un par de zapatos y una muda de ropa, al tiempo que defiende rabiosamente el despilfarro inexplicable de los suyos.

Para López, todo lo que lo contradiga o no sancione, es infodemia. Si se habla de Pemex, no reconoce las pérdidas y acusa que así se lo dejaron, si cae el Producto Interno Bruto, no le interesa porque somos felices en medio de nuestras miserias; si se trata de pérdida de empleo, él lo sustituye con dádivas disfrazadas de programas sociales.

Si se trata de corrupción, esta sólo existe en los de enfrente, en los suyos son meras equivocaciones o actos “honrados” de personas intachables, aunque se evidencia la entrega de concesiones entre cuates, incluyendo cargos públicos, asignaciones de contratos o enriquecimientos inexplicables.

Incluso en la inseguridad, capos no son los chapos de Sinaloa, sino bandoleros como “El Marro” o los tepiteños. Pero acusa al que detuvo y deportó al jefe de ese grupo criminal, de haberle dejado un narcoestado.

Si así fuera, el presidente nada ha hecho para acabar con él. En todo caso, liberó y protege a la familia del más importante de los capos mexicanos.

Claro, nosotros, los ciudadanos de a pie y muchos que votaron por una esperanza de cambio esperamos a que cumpla, pero como que la corrupción que iba a combatir parece que se mimetizó a sus colaboradores; las imágenes que nos presenta, con segundones contando dinero, nos recuerdan a figuras muy cercanas a quien hoy es presidente.

No se puede comparar un soborno para lograr una Ley, que uno con fines de conseguir la Presidencia de la República y esto último fue lo que hicieron los Imaz y los Bejarano.