• Meta de López, incrementar legiones de miserables adeptos a 4T

Miguel A. Rocha Valencia

Con todo y el desgaste causado a su persona y al Senado, Ricardo Monreal es sin duda uno de los personeros del presidente López. Su fidelidad y hasta diríamos sometimiento ciego, lo coloca como un buen interlocutor para los empresarios, con quienes el zacatecano se ha reunido en los últimos días.

Bueno, reuniones virtuales para escuchar sus inquietudes y encontrar rutas de acercamiento entre las políticas públicas impuestas por el “Peje” y que se han visto rebasadas por una realidad inaceptable para él.

En otro plano, Olga Sánchez Cordero y Marcelo Ebrard, se convierten en la voz del oráculo de Palacio Nacional para negociar con gobernadores, a quienes acerca al menguado o guardado secretario de Hacienda, Arturo Herrera Gutiérrez.

Porque empresarios y gobernadores, son para el residente de Palacio, personas “non gratas”, ya sea por considerarlos corruptos, explotadores, fifís o simplemente enemigos de clase, siempre y cuando no sean de Morena.

Pero, además, no se reúne con ellos, dadas las limitaciones intelectuales y culturales del presidente, cuyas deficiencias y complejos, cubre con autoritarismo.

Por ello, más las feroces presiones de Estados Unidos, donde nos llevan mes y medio de adelanto en cuanto a la pandemia para que se reabra nuestra economía, es que se determinó quitar el decreto que limitaba la actividad en México y con ello la movilidad.

De ahí que López se lave las manos y deje la responsabilidad en los gobernadores para abrir o no la economía estatal, regional o municipal y al mismo tiempo, liberar la actividad en las localidades donde se ubican maquiladoras estratégicas para las empresas e instituciones de Estados Unidos como las automotrices y las relacionadas a lo espacial y armamento.

Pero sabe y de alguna manera lo dijo el titular de Hacienda, que la economía mexicana dañada desde hace más de cinco trimestres, necesita moverse para no pasar del déficit calculado en menos siete por ciento del PIB, equivalente a 900 mil millones o un billón de pesos.

Y para eso, como no quiere López recurrir al crédito, acerca a Monreal a los empresarios con la clara intención de que inviertan en los proyectos de obra gubernamentales, porque el gobierno no lo va a hacer ya que el dinero presupuestado para ello, se desviará a los programas clientelares, que le representan votos y simpatías.

Para López los pobres son primero porque representan su plataforma política y entre más haya, mejor para la Cuatro T, la cual no busca bienestar para todos, sino mediocridad, vivir muy a gusto, conformes con las dádivas, sin esfuerzo ni trabajo de superación. Así, la población es más obediente.

Es decir, el “Peje” quisiera que el trabajo de generar empleos, lo hagan los empresarios, quienes le van a entrar a la reapertura, cumplirán sus compromisos con el extranjero, tratarán de recuperar lo perdido, tomarán lo que les den, pero no van a arriesgar más allá en obras que no les reditúen ni les den seguridad.

De tal suerte que López logrará su objetivo de generar mayor cantidad de pobres, porque los empresarios sólo van a hacer lo que les aconseje el juicio frente a un gobierno cuya cabeza se niega a negociar y usa a intermediarios para no asumir responsabilidades. Eso creo.