• Los de la Cuarta no aceptarán errores, buscarán culpables; Sheinbaum se suma a linchamientos

Miguel A. Rocha Valencia

Obediencia ciega hasta la ignominia, es lo que exige el tlatoani tabasqueño a sus seguidores y eso incluye ver la realidad que él ve, seguir sus pasos y tomar su ejemplo. Y como ya no hay reversa ante tantas equivocaciones, deben encontrar culpables para los yerros de la 4T.

Es decir, buscar a los responsables de la debacle que en todos sentidos vive el país una nación de 125 millones de habitantes y que es gobernado por menos de la cuarta parte, que, por lo visto, es la peor, la menos preparada, la más ratera y la más hipócrita, pero también, la más identificada con su pastor, a grado tal que se convierten en lacayos a cambio de las migas de poder que les tira.

Uno de los más claros ejemplos, resultó ser la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, emparentada con la corrupción de Carlos Imaz Gispert, Dolores Padierna, René Juvenal Bejarano Martínez y toda esa camada de entonces perredistas que surgieron en torno al actual profeta de Palacio Nacional. De él se nutrieron de dinero y poder. Desde entonces, son cómplices.

No sólo fue la recolección ilegal de dinero sino el tráfico inmobiliario y los segundos pisos con López y los empresarios árabes y judíos; luego, siguieron con Ebrard con la línea 12 del Metro y la carretera urbana, donde también estuvieron los israelíes. “Haz obra que algo sobra” fue la divisa. Tanto que hasta reservaron proyectos, presupuestos e inversiones. Los acuerdos se hicieron en el hotel Sheraton de la Alameda. Unidos por la corrupción.

Algunos de ellos, aun se nutrieron de la administración de Miguel Ángel Mancera, la misma Sheinbaum, activista en la UNAM en sus tiempos de estudiante y que ayer dio una muestra de que sí obedece al tlatoani de manera ciega y lo imita.

Sacó a relucir una “investigación” que es obvio, le hicieron llegar de la casa de enfrente para denunciar que una persona ayudó a las mujeres que tomaron la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y que esa persona en “un auto de lujo”, llevó víveres a las activistas.

¿Acaso no el propio secretario particular de la señora Sheinbaum lleva despensas a Tlalpan, tan descaradamente que su jefa debió prohibírselo? Hipocresía vil cuando los morenos son exhibidos en videos recibiendo millones de pesos o decenas de miles de dólares de origen inconfesable para mantener al profeta de Palacio.

O sea que, para Claudia Sheinbaum, una señora que trabaja en tal o cual empresa cuestionada por la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda lleve víveres a activistas es pecado y hasta recomendado a medios y a la sociedad que la linchen públicamente, pero a los otros, a los rateros y delincuentes electorales que cargan millones para el “patrón” ¿Hay que olvidarlos y hasta exonerarlos porque así lo piden los de la Cuarta?

Mal se vio la jefa de gobierno, el resbalón es tan grande que se notó que no es de ella, sino de su jefe que le ordenó sumarse a la generación de escándalos para descalificar a las organizaciones de la sociedad civil, a los movimientos en favor de la reivindicación de las mujeres, a esas que el peje no ve ni escucha, pero si las acusa de estar manipuladas.

Los de la cuarta, reciben dinero, ya se sabe y los pobres sólo cuando se necesitan, porque una cosa es tener a los miserables por bandera y otra que quienes la enarbolan lo sean. Es en base a ellos cómo han acumulado dinero y poder. Porque López, hermanos, cuñadas, nueras o la misma Sheinbaum de pobre no tienen ¡Ni el cubrebocas! Somos más, denunció que la jefa y su marido, vivían en una exclusiva privada ahí en Tlalpan con cámaras y guardias privados.

Total, que ahora también las mañaneras de la jefa de Gobierno van a servir para el linchamiento mediático y a quien no le entre, ya sabe, se le va a exhibir como ya lo hacen con los reporteros de Reforma, quienes reciben un trato similar que en la del Tlatoani y en la del otro López-Gatell.

En verdad, da pena ver lo que sucede, porque los lopistas imitarán a su jefe en no admitir que están equivocados y como después de dos años en el poder les sale muy caro reconocerlo, van a recrudecer sus ataques contra los que se fueron y culparlos de todo lo que no han hecho o hicieron mal.