• México ha superado guerras, invasiones, tiranos, idiotas, incapaces y rateros

Miguel A. Rocha Valencia

Pareciera que para López, el que se viste de presidente, sólo importa su base clientelar; a los demás, como las instituciones, nos podemos ir “al diablo”. Porque los pobres (muchos de ellos ninis por vocación) son los únicos que, según él, deben ser auxiliados en la emergencia, aunque para ello se gaste el dinero de todos, especialmente a los que desprecia, los entes y personas productivas.

El problema es que después de Peña Nieto, muchos pensaron que las cosas se compondrían, pero no, resultó peor. Al menos, el mexiquense tuvo la virtud de convocar al inicio de su gobierno, a un pacto nacional al que respondieron todos los sectores, incluyendo partidos de oposición, gobernadores, iniciativa privada. Todos, menos uno.

De los 30 millones que votaron por López, cerca de 20 millones en realidad sufragaron contra el PRI y el PAN, apostaron por enojo, por una esperanza de cambio que en realidad llegó para mal y hoy muchos de ellos lo lamentan, extrañan tiempos idos de rateros y corruptelas, pero no de tanta estulticia.
Aquéllos, hubieran llamado en la emergencia. Así lo hizo Felipe Calderón con la epidemia de H1N1 y aunque tardó en controlarse, el mal no causó tantas bajas humanas y materiales durante su duración, como la actual, que apenas empieza.

Como dirían nuestros mayores, “tiempos pasados fueron mejores”. No importa lo que digan, pero no recuerdo que como país hubiésemos estado tan mal, bueno, ni como los dos primeros años de Zedillo en que muchos, incluyéndome, perdimos en lo económico y nos quedamos endeudados, sin empleo.

Curiosamente Bill Clinton, le abrió a México una línea de crédito por 30 mil millones de dólares, como hoy los saca Banxico a la circulación.

La verdad no veo escapatoria. Observo a un sujeto incapaz de convocatoria, que a estas alturas de la crisis se refiere a la mayoría de los mexicanos como corruptos; ya afila las uñas legales para castigar a quienes no pagan impuestos. A los periodistas les dice socios del poder y el dinero y enemigos de la patria. Tal vez quisiera vernos a todos en harapos o sin trabajar para decir que somos honrados.

A los empresarios, los tilda de traidores, rateros y explotadores; a los políticos de cualquier signo que no sea Morena, les dice corruptos, conservadores o neoliberales, ambiciosos y poseedores de secretos inconfesables. Traidores a la patria.

A los clasemedieros, los llama fifís, y a los ricos, sólo por serlo, son sospechosos de negocios mal habidos; en todo caso estos segmentos de la población, no merecen que su ilustrísima voltee a verlos, salvo para escupirles su desprecio.

Ni se diga a gobernadores de signo contrario al suyo, no les concede ni una audiencia; todos los rateros a quienes debe llamarse a cuentas. A jueces, ministros y magistrados; todos son miembros de un clan de corruptos donde la justicia se pervierte a cambio de dinero. Por eso los amenaza y hasta les echa pleito o exhibe.

Las organizaciones civiles, son vividores con dinero mal habido, cuyos dirigentes deben estar en la cárcel, lo mismo quienes encabezan o encabezaron organismos independientes del Ejecutivo.

Es decir, nadie se salva, sólo su clientela política. Por eso López, es incapaz de convocar a un gran pacto de unidad nacional; por el contario, suma recursos incluso de manera ilegal para cimentar a sus huestes a través de programas sociales y asegurar dinero para las inútiles obras que son su capricho.

Ahora va por más dinero, no tarda en administrar las afores. A pesar de su promesa, pide prestado; ya lleva nueve mil 500 millones de dólares, más los bonos basura de Pemex, más los tres mil millones que se están pagando del TUA del AICM y que son de la fibra verde del cancelado Aeropuerto de Texcoco.

Súmenle los 30 mil millones de dólares que saca del Banco de México para garantizar liquidez, échenle los 145 mil millones de pesos por los contratos cancelados en el NAIM; los 75 mil millones para la terminal aérea de Santa Lucía.

Pero, sobre todo, ponga por encima el descrédito internacional, la desconfianza de inversionistas para meter su dinero en obra pública, que es un golpazo calculado en más de 500 mil millones de pesos que ya no entraron al país.

Hoy López nos tiene divididos; los buenos son quienes lo siguen, los malos, todos los demás. Eso es una estulticia más, porque no son la mayoría y todos sabemos que la fortaleza del país está precisamente en quienes trabajan, invierten y pagan sus impuestos ¿O no?

La esperanza de México no es él, somos todos los que no navegamos en su barco, sino el de un país cuyo pueblo ha superado guerras, persecuciones, invasiones, rateros, mesías, idiotas, tiranos y estúpidos.