• Quienes gobiernan son ignorantes y autoritarios, pero ¿Cuál es la alternativa?

Miguel A. Rocha Valencia

Porque nos llegan boletines, nos enteramos que hay oposición en el Congreso federal y local de la CDMX, donde unos cuantos dan la pelea al mayoriteo de Morena y exhiben la docilidad no sólo de los del grupo mayoritario, sino también de fracciones como las del PRI, sometidas desde el Ejecutivo por la vía del garrote.

Si, ese garrote que desde el Palacio Nacional ejerce el titular del Ejecutivo, donde la denuncia mediática exhibe a los tricolores en la amplitud de sus corruptelas y deficiencias. Medida que se pretende aplicar a otras fracciones, que se defienden incluso porque en el caso del PRD, muchos morenistas escupirían para arriba.

Pocos defienden la oposición casi inexistente; en la Ciudad de México, tres o cuatro hacen mella, exhiben a los morenos sobajados por el Ejecutivo local, a quien obedecen ciegamente más allá de la ignominia de saberse lacayos, carentes de argumentos para defender sus posiciones y faltos de inteligencia para, en algún momento, reconocer que están mal.

Igual en el ámbito federal, donde la mayoría se impone porque sí, y aunque en ocasiones da la impresión de diálogo y consenso, al final se hace lo ordenado desde el Zócalo donde se concentra todo el poder político del país, aunque algunos traten de resistirse o hacer reflexionar a su patrón.

En ocasiones, la oposición cumple su papel, pero algo está fallando porque la percepción es que existe.

En la Ciudad de México, el disminuido PRD alza la voz, pero es acallado por una mayoría al servicio del Ejecutivo, sin conciencia propia. Por eso asume la estrategia de dirigirse a la sociedad a través de los medios, donde hacen ver que los morenos, sirven al Ejecutivo, no a sus electores.

Plantean reformas en el marco de la Ley; los que son más, imponen sus cambios incluso por sobre las normas de manera grotesca e insultante, y todavía lo festejan y se burlan de los oponentes.

Algo parecido sucede en el ámbito federal, sólo que aquí, la oposición real no sale a los medios, trascienden poco o nada sus argumentos; los priistas, de plano en silencio o se suman a las iniciativas del Ejecutivo. Temen ser balconeados por sus malas acciones. Las presentes, se la cobrarán los electores con el olvido.

Eso es lo realmente grave; que la oposición no se vea, la sociedad no ve alternativas; el imaginario colectivo contempla las violaciones, imposiciones y deficiencias de quienes hoy tienen el poder, pero no encuentran alternativas. Los mismos de siempre, están desgastados, satanizados y desacreditados.

Se necesita un cambio sí, pero también en la casa de enfrente y si eso no se da, nos enfrentaremos a uno de los mayores fenómenos de abstencionismo donde la estructura mayoritaria ganará por ausencia de una oposición que se niega a serlo, a salir a la calle a decir su verdad frente a una administración cada vez más autoritaria y violatoria de la ley.

Por eso la preocupación. Ya se sabe que quienes están, van mal, son ignorantes y autoritarios, pero a cambio ¿Qué ofrece una oposición temerosa, agazapada y sin brújula?