• La emergencia de López, no es de salud sino política, por eso le urge dinero

Miguel A. Rocha Valencia

Le entró la prisa a la Cuarta. La crisis sanitaria les abrió la puerta para asegurar la primera parte de su proyecto y cimentar, con una base clientelar-electoral, la posibilidad de consolidarse en el poder.

Pero para eso, deben darse prisa y aprovechar, como dijo López, esta crisis que les cae como anillo al dedo para incrementar simpatizantes por la vía de la dádiva, no importa que el país caiga en lo económico ni que mueran muchos por la pandemia. Lo importante ahora es amarrar votos.

Y la mejor forma de consolidarlos, es mediante la dádiva aprovechando que, a muchos de nosotros, los mexicanos, nos encanta el paternalismo, que otros solucionen nuestros problemas, incluyendo la manutención.

La crisis sanitaria cayó muy a tiempo para acusarla de la caída económico-financiera del país y dio pie para que el gobierno de López justifique con la complicidad de los diputados y senadores de Morena y sus aliados, apoderarse del presupuesto público, incluso las participaciones que, por ley, corresponden a los estados de la federación, a los que, además, les impone una austeridad que no observa a la hora de repartir el dinero que no es suyo.

La prisa les apremia, se acercan elecciones intermedias para renovar la Cámara de Diputados federal y algunos congresos estatales, como el de la Ciudad de México, donde si pierden mayoría, López no podrá seguir despachándose el presupuesto a discreción, salvo que se descare y se declare un dictador.

Por lo pronto y como los ingresos bajan y el pago de la deuda crece, disminuyendo el dinero en la tesorería, no sólo “aprieta”, amenaza y chantajea a causantes, sino que, además, insistimos con el servilismo de sus legisladores, el gobierno morenista quiere una discrecionalidad legal sobre el presupuesto y no seguir violando la ley como hasta ahora.

Incluso desde luego, la política monetaria, donde el Banco de México, a través de su gobernador y sub gobernador, Alejandro Díaz de León y Jonathan Heat respectivamente, mantienen una política realista que no le gusta a López y no hay duda que tarde o temprano buscará removerlos si no ceden a la autonomía que deben profesar y desde la cual auguran la peor caída de la economía en 80 años, con un retroceso de casi el nueve por ciento.

Es más, si no deponen su actitud y respaldan su proyecto, López les echará a su perro de la Unidad de Inteligencia Financiera para que los acuse de corrupción, les busca “algo” para crucificarlos ante los medios y hacerlos renunciar.

A los legisladores ya les dio la orden de aprobar la desintegración de fideicomisos que le otorguen el manejo de 250 mil millones de pesos más; escamotea las participaciones a las entidades federativas y compensará con el uso de 60 mil millones de lo que queda del Fondo de Contingencias. Les niega el dinero porque para López el único que reparte dinero es él,

También les ordenó a sus lacayos del legislativo, como lo hizo Claudia Sheinbaum en la CDMX con los suyos, busquen legitimar la disposición discrecional del presupuesto, sin siquiera avisar al Congreso.

A los recortes salariales y aguinaldo a empleados de gobierno so pretexto de la pandemia de COVID-19, se suma la supresión de prestaciones como el reparto de utilidades, como lo ordenó en Banobras, donde cerca de mil trabajadores son despojados de la prestación.

Miente López, cuando habla de emergencia todos creen que se trata de la mortal pandemia, pero en realidad, lo que le apura es que el tiempo pasa y no tiene asegurados los votos que garanticen la mayoría de los morenos en congresos federal y estatales.

Eso es lo que quiere consolidar López por eso quiere dinero para seguir regalándolo, comprando votos y disfrazando una campaña electoral que no para desde hace más de 18 años.