• López reconoce evasión fiscal y uso de recursos de dudosa procedencia

Miguel A. Rocha Valencia

Ahora se entiende el juego del Tlatoani de Macuspana con las denuncias absurdas y manejo ilegal de un proceso cuasi judicial en el que uno de sus lacayos, Alejandro Gertz Manero, dejó lo que le quedaba de seriedad profesional para mostrar su oportunismo de los últimos 20 años.

En medio de las crisis de salud, calificada como catastrófica por Hugo López, dado que superamos los 60 mil muertos; de seguridad que ya reporta cerca de 50 mil ejecuciones e incremento en la violencia, y la económico-financiera con más de 12 millones de desempleados y caída entre el 8.5 y 12 por ciento del PIB, López Obrador generó una crisis política para intentar distraer la atención de la tragedia que vivimos cientos de miles de mexicanos.

Tragedia que hoy reporta también un incremento en los suicidios entre jóvenes sin esperanza y el avance de la miseria que ahogará miles de hogares mexicanos, algunos de ellos ya sumidos en el dolor de ni siquiera poder velar a sus muertos.

Al pontífice de Palacio Nacional, no le importa, lo único válido es un proyecto que no se entiende o que simplemente ya fracasó y en su intento de legitimarlo, rompe todas las reglas y nos sume en una crisis política peor de la que generó cuando intentó con sus huestes evitar que el presidente Constitucional asumiera el cargo en San Lázaro hace 14 años.

Hoy nos confronta a todos los mexicanos y nos muestra el lado vil de la política donde todos, son culpables y más de uno incluyéndose tendrían que sujetarse a juicio, no de la historia ni popular, sino para ser juzgados legalmente.

Fue obvio que López intentó, lo dijimos muy a tiempo, el caso Lozoya para salpicar a la oposición y colocar a la Cuarta como la única opción decente, pero como también adelantamos –el que se ríe se lleva-, los acusados “saltaron” y lo enfrentan abierta y soterradamente con contrademandas, declaración y, lo de moda, videos incriminatorios.

Sólo que en el de López, también de manera ilegal, se da por hecho algo que resulta absurdo, como sobornar a legisladores para aprobar una reforma que ¡ya se había aprobado por consenso! Y algunos de los posibles acusados ¡ya no estaban!

Más aun, para que sobornar a unos panistas que sexenios atrás habían propuestos esos cambios incluso desde la presidencia de Vicente Fox, especialmente en energía.

En cambio, el mismo López se descobija y acepta lo que todos sospechábamos, que vivió de dinero cuyo origen dice que son aportaciones del “pueblo” pero ¿cuál, si no tiene nombre? ¿Son dineros lícitos? No hay registro, ni declaración de impuestos por ingresos.

En la contraofensiva al video que ya no se sabe si se tomó en el Senado o Pemex, sale uno con Pío López Obrador recibiendo dinero del operador de un senador actual y ex gobernador de Chiapas. Surge un audio donde el actual asesor jurídico de la Presidencia, Julio Scherer presiona al empresario Julio Villarreal, de Villacero para que además de los “cinco cero” y los “seis cero” que ya entregó a la causa, la apoye más.

Se toca de refilón a otro actual senador líder de Morena que se sumó a la lapidación de Lozoya, y se enoja porque dice que las acusaciones en su contra son cosas ya juzgadas y amenaza con demandar a las “benditas redes sociales”, tan impersonales como las pruebas surgidas contra la Cuarta.

Lo peor es que como dice el escritor Jorge Zepeda, defensor de López, es que poca o nula mella hacen esas denuncias contra el Peje y sus cuates porque los acusadores están desprestigiados.

Pero lo cierto don Jorge es que, por su propia voz, López reconoce ilícitos, ni siquiera hay que probárselo, como tampoco los 66 millones que le entregó el SME para afectar a Felipe Calderón. El mismo lo dijo y, por lo tanto, tendría que ser investigado por la Fiscalía de Gertz Manero y por la UIF de Santiago Nieto y el SAT de Raquel Buenrostro. A los de enfrente también pero cuando en vez de presunciones haya pruebas contundentes como las aceptadas por el Tlatoani de la Cuarta y que implican lavado de dinero y evasión fiscal.