• México sin brújula en manos de un mesías autoritario

Miguel A. Rocha Valencia 

El tema va más allá de la percepción y aunque López se niegue a aceptar las cifras y caída en aprobación de su gobierno en más de 18 puntos y acuse a “los conservadores corruptos”, lo cierto es que la “gallera se le alborota” y pierde la paciencia cuando le gritan no, cacas o traicionero.

En términos estadísticos, la caída en la aprobación al presidente, creció del 14 al 29 por ciento. Lo salva de una mayor caída lo que ya tenía como estrategia, la compra de votos y simpatizantes por la vía de los programas económico-sociales a fondo perdido como las pensiones y becas.

Y no obstante aceptar que “ya no es lo mismo”, se confía y dice que lo apoya la mayoría, olvidando a propósito que ese respaldo del que se ufana, es comprado y se logra a base de sacrificar áreas estratégicas como la inversión en obra pública, contratación de personal y medicinas en el sector salud.

Lo hace a sabiendas que la economía está deteriorada, que cae el PIB, la recaudación y el empleo, en un entorno de mayor inseguridad para la inversión y las personas, así como una creciente violencia criminal.

Aun así, López se niega a aceptar la realidad, desoye a propios y ajenos; la desconfianza se acentúa en el gabinete legal y en el ampliado se notan más las fallas derivadas de la incapacidad, improvisación de los designados en puntos clave como el Insabi que está borrado del mapa no sólo por la mediocridad, sino también por la ausencia de estructura y presupuesto para cubrir servicios y demanda de fármacos.

Habrá que culpar también al COVID-19, retrógrada, corrupto, conservador que se suma a las calamidades del Mesías tabasqueño para hacer más duro un gobierno sin cabeza, ruta o al menos proyecto definido. Una 4T que diga a dónde va, que no se reduzca al “primero los pobres” de manera genérica, y no nos diga cómo le hará si no se estimula la inversión y el empleo, o se fortalecen las instituciones.

No se trata de regalar dinero a fondo perdido sino generar condiciones de crecimiento y desarrollo por el bien del país, no sólo de los abonados a quienes no se le resuelven los problemas de miseria y sólo crece su dependencia de un gobierno profundamente clientelista.

López tendría qué pensar como estadista, pero eso es prácticamente imposible; para eso no sólo hace falta sentido común y dos dedos de frente; se requiere conocimientos, preparación y humildad para reconocer errores, sumar al quehacer público a los mejores y pensar en México país, no es una fracción con sueños autoritarios.