• Hunde a México con corrupción, decisiones absurdas y persecuciones infames

Miguel A. Rocha Valencia

Si el proyecto del actual gobierno fuera México, todos estaríamos incluidos, seríamos llamados a trabajar para construirlo, mejorarlo o al menos sumar esfuerzos para que no se profundicen sus carencias y diferencias, pero como el plan es la 4T, sólo se acepta lo que el dueño de ella establece y quiere; los demás pasamos al apartado de enemigos, fifís o conservadores simplemente por no sumarnos o disentir del todo poderoso de Palacio Nacional.

Y si todo acabara ahí, que los fieles de la Cuarta se pusieran a trabajar por el bien de todos, por el país, sería parte de la responsabilidad de un gobierno que asume el poder para ejercerlo y no lo comparte, sería algo lógico en un régimen.

Pero cuando usa ese mismo poder para golpear a los demás, destruir lo que existe, dañar, chantajear, excluir, perseguir, acusar, enjuiciar y hasta correr a quienes no tienen la misma visión sin tomar en cuenta las instituciones de justicia, eso se vuelve autoritarismo.

De ahí que la visión perversa y abyecta de quien nos gobierna le impida no sólo trabajar por el país, por todos los mexicanos, sino intentar destruir a quienes no comulgan con sus opiniones, incluyendo a quienes le rodean y se atreven a contradecirlo o al menos hacerlo reflexionar.

Algunos, con vergüenza profesional o personal, prefieren desertar luego de sus críticas al régimen. Por lo menos tres exsecretarios de la Cuarta así lo hicieron y en lo bajo califican de irracional a su ex jefe y reconocen que el país, México está en un grave peligro; si el anterior régimen fue corrupto, el actual es peor, corrupto, ineficiente y vengativo.

La sumatoria de fracasos de quien es ley desde Palacio Nacional, lo ha radicalizado. No acepta ninguna contradicción, quien lo hace, es regañado y a veces hasta exhibido en público por el tlatoani. A nivel de subsecretarías hay renuncias, desacuerdos profundos por decisiones absurdas que impiden hacer el trabajo.

Pero nada de eso puede hacer feliz a quienes observamos al gobiernito, por el contrario, si al presidente le va mal, al país le va mal, a los mexicanos, a todos, nos va mal.

Por eso no podemos aplaudir que López se equivoque permanentemente, acuse a otros de sus fallos y hasta los quiera crucificar ante la opinión pública. En sui irracionalidad, el tabasqueño no quiere entender ni ver que la crítica es para mejorar y superar errores.

No acepta que el país está hundido en su economía, violencia y muerte; en la impunidad que da a los delincuentes, en la corrupción e ineficiencia que aflora todos los días en la administración federal y las locales que le son afines, donde el autoritarismo se impone a la ley, sobre todo en el manejo del dinero y los procesos legales.

Incapaz de un gesto de cordura que algunos dirían de humildad para reconocer como hombre y presidente que se equivocó, se “monta en su macho” y radicaliza su comportamiento y decisiones en todos sentidos, sin medir que el daño no sólo lo causa a los destinatarios de su corta visión, sino a los suyos, a él mismo.

No mide descalificaciones a los críticos y analistas e instituciones de buena fe nacionales sino también desafía a los extranjeros, lo mismo que a medios o calificadoras financieras, bancarias de salud o seguridad. Sólo lo que diga Donald Trump le hace mella, a quien dijo que contestaría siempre. Reculó.

De ninguna manera podemos festejar el fracaso permanente de López Obrador porque nos está hundiendo. Las estadísticas de su mal gobierno nos colocan en retrocesos de hasta 12 años como en materia de empleo o poder adquisitivo del salario. La industria de la construcción cayó desde diciembre pasado a niveles de 2009 y no se ve como vaya a repuntar.

Preocupado más por una elección intermedia que le permita seguir mangoneando al poder Legislativo, presionar más al Judicial y a los organismos autónomos como el INE y TEPJF, López no para, el país o los mexicanos no le importamos, quiere consolidar un régimen donde la disidencia se vea amenazada, las libertades coartadas y se imponga la voz del amo.

Olvida que ganó una elección pactada donde el gobierno de Estados Unidos estuvo presente a cambio de docilidad hacia el del norte. Nadie pensó entonces que sería tan mezquino o incapaz para gobernar un país, ni siquiera los suyos muchos de los cuales hoy reconocen que se equivocaron.