Enrique Escobedo
Una persona pendenciera es alguien propenso a pelear o reñir por cualquier motivo. Usualmente el perfil de esa gente es de violencia física y verbal y tiende a autocalificarse de serena, pero que si lo buscan lo encuentran o simplemente reclama su derecho a disentir y lo hace mediante embestidas. Esas personas tienden a ser dominadas por la ira.
Es interesante hallar políticos pendencieros, pues usualmente no los hay. Pero se les encuentra en la historia y en la actualidad. Por lo general escasean debido a que una persona dedicada a la alta política prefiere el intercambio de opiniones y apuesta por el diálogo debido a que la tolerancia y la inclusión son cualidades de lo que llamamos lo políticamente correcto. En otras palabras, La Política (con mayúsculas) es seducción y virtud, ya que se aleja del insulto, así como del intercambio verbal agresivo, hiriente, provocador y humillante.
En una democracia, por ejemplo, los políticos muestran su mejor sonrisa, se placean con humildad, en ocasiones hipócritamente, se muestran atentos a escuchar al pueblo bueno y sabio y despliegan su discurso en un marco de paz, concordia y apego a la legalidad. Pero en esa democracia llega a suceder que la máscara del político agradable se le caiga o la tire y se muestre, ya con el poder, como una persona irritable, de mecha corta, pendenciero, vengativo y dispuesto a utilizar toda la fuerza del Estado en contra de lo que considera sus enemigos y que en el discurso calificaba fingidamente de adversarios.
Un político pendenciero puede llegar a tener adeptos por muchas razones. Algunas de ellas son que la gente se identifica con ese perfil, ya que con la violencia se arrebata y extiende un aire de autoritarismo que crea temor en la población con su consecuente subordinación y obediencia ciega. Ese político pendenciero dice, además, que lo hace a fin de defender al pobre y al humilde despojados del rico avaricioso, egoísta e inescrupuloso. De ahí que el discurso pendenciero es, por lo general, demagogia pura en contra de las élites y a favor del pueblo. aunque en la realidad lo único que le interesa es el poder por el poder.
Los políticos pendencieros, comúnmente, se dicen víctimas, se dicen ser de origen humilde y argumentan que su disputa es porque sólo así es posible reivindicar las causas de la justicia social y de la gloria nacional. De ahí que señalan un camino peligroso y lo hacen de forma maniquea, escudados en movimientos de masas y con discursos plagados de mentiras que al ser repetidas mil veces acaban por ser verdad.
El político pendenciero, sobre todo cuando ya usufructúa del poder, se siente imbatible y moralmente superior a cualquiera. Consecuentemente su prepotencia no tiene límites, es intolerante a la mínima crítica y por eso disfruta con placer patológico atacar con todo el poder del Estado a periodistas, otros políticos e incluso a gobernantes de otras naciones.
A los políticos pendencieros se les puede identificar sin importar el tipo de régimen. Así hallamos a Vladimir Putin de Rusia, a Kim Jong-Un de Corea del Norte, a Javier Milei de Argentina, a Nicolás Maduro de Venezuela, a Benjamín Netanyahu de Israel y a Andrés Manuel López Obrador de México. Todos tiene diferencias es cierto. También tienen muchas similitudes, por ejemplo, su chauvinismo patriotero, su permanente insistencia demagógica de señalar enemigos del pueblo bueno y sabio, su actitud de ser unos buscapleitos, su irascibilidad, poca tolerancia, temperamento explosivo, se enojan fácilmente, son coléricos y disfrutan el uso y el abuso del poder.
La historia registra el predominio cuantitativo y cualitativo de políticos hábiles y pacifistas. Sin embargo, son más recordados lo pendencieros por el daño que le causan a sus gobernados y al mundo. Pues sus agresiones le han costado a la humanidad millones de muertos.

