China exigió a Estados Unidos retirar los nuevos aranceles impuestos a productos chinos bajo el argumento de presuntas prácticas de «trabajo forzoso», al considerar que se trata de una medida unilateral, proteccionista y contraria a los acuerdos comerciales alcanzados entre ambas potencias.
El Ministerio de Comercio chino afirmó que las tarifas aplicadas por Washington carecen de fundamento y representan un nuevo intento por utilizar el tema del trabajo forzoso como herramienta de presión económica y política contra Pekín.
La reacción se produjo después de que el gobierno estadounidense anunciara nuevos aranceles de entre 10 y 12.5 por ciento a importaciones provenientes de 60 socios comerciales, incluida China, argumentando que esos países no han hecho lo suficiente para impedir la entrada de productos elaborados mediante trabajo forzoso. A las mercancías chinas se les aplicó una tasa de 12.5 por ciento.
Las autoridades chinas sostuvieron que el país cuenta con un marco legal para prevenir y combatir cualquier forma de trabajo forzoso, por lo que calificaron de infundadas las acusaciones estadounidenses.
Asimismo, Pekín recordó que durante las negociaciones comerciales previas ambas naciones acordaron mantener un límite a los aranceles sobre productos chinos, por lo que pidió a Washington corregir lo que considera una práctica errónea y eliminar completamente las nuevas medidas.
El gobierno chino advirtió que se reserva el derecho de adoptar las acciones que considere necesarias para proteger sus intereses económicos, aunque reiteró su disposición para continuar el diálogo bilateral con base en el respeto mutuo, la igualdad y el beneficio recíproco.
La disputa comercial se produce en un momento de relativa tregua entre las dos mayores economías del mundo y en vísperas de nuevos encuentros diplomáticos que buscan reducir las tensiones y fortalecer la cooperación económica.

